Ondas de montaña

El 2020 marcará un punto de inflexión en la relación entre impacto medioambiental y deportes de montaña y, en particular, carreras por/de/en montaña

Beatriz C. Montes

Ondas de montaña. Beatriz C. Montes
Ondas de montaña. Beatriz C. Montes

Las ondas orográficas o de montaña son ondulaciones de la atmósfera que se desarrollan sobre y a sotavento de las montañas cuando el flujo de aire es perpendicular a las mismas. Si hay suficiente humedad las corrientes ascendentes suelen formar nubes muy reconocibles, como los altocúmulos lenticulares.

He elegido un término meteorológico como título de esta columna porque el 2020 marcará un punto de inflexión en la relación entre impacto medioambiental y deportes de montaña y, en particular, carreras por/de/en montaña. Es mi intención analizar algunas de las cuestiones que, sí o sí, nos van a afectar como personas y como deportistas.

Ondas de montaña son también, en sentido metafórico, las que yo experimento a nivel intelectual cuando corro por montaña. Aunque intento practicar el #NoPiensoCorro de Chema Martínez soy más del #PiensoLuegoCorro cartesiano. Cada carrera es para mí un momento privilegiado donde proceso miles de datos relacionados con los recorridos, las personas, las instituciones y las situaciones concretas de ese día. De regreso a casa, como si conectara el móvil al ordenador, los descargo en forma de notas, esquemas y textos. Después leo lo que los diferentes medios de comunicación relatan. Todo, de una forma u otra, nutre mi reflexión, pero algunas veces se me queda corto. En carrera veo mucho más, un «mucho más» del que luego me cuesta encontrar información contrastada. 

Escribir sobre trailrun es, a día de hoy, comparable a pilotar entre baches de aire. Se están alzando voces de peso, profesionales del medio ambiente y de la montaña, que cuestionan si la competición, en concreto las carreras por montaña, destruyen no solo la naturaleza sino los valores de la montaña

Ser una fuente constante de turbulencia es lo propio de una onda de montaña, así que, por mucha experiencia que tengas, cuando las afrontas a los mandos de un avión sabes que tienes que andarte con ojo. ¿Cómo navegar con delicadeza para que tu pasaje sienta lo menos posible las sacudidas de los air pockets?

Escribir sobre trailrun es, a día de hoy, comparable a pilotar entre baches de aire. Se están alzando voces de peso, profesionales del medio ambiente y de la montaña, que cuestionan si la competición, en concreto las carreras por montaña, destruyen no solo la naturaleza sino los valores de la montaña. 

En la misma semana en que el Presidente Macron lanzó una batería de medidas para la protección del Mont Blanc se publicó el Plan Rector de Uso y Gestión del Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama en el ámbito territorial de la Comunidad de Madrid, un texto para muchos excesivo por sus restricciones, pero, para otros, demasiado flexible porque no protege suficiente la biodiversidad del Parque Nacional. Por un lado, deportistas de élite se están posicionando a favor de la responsabilidad: Kilian Jornet ha presentado para este 2020 un calendario que, en vez de contabilizar kilómetros y desniveles, habla de sostenibilidad medioambiental; Pau Capell ha recorrido 250 km en el Ártico para apoyar la concienciación del cambio climático. Pero, por otro lado, no hace ni una semana que dos lugares emblemáticos de la Sierra de Madrid, La Pedriza y el Puerto de Cotos, fueron escenarios públicos de la irresponsabilidad y falta de solidaridad de domingueros, sí, pero también de corredores y deportistas de montaña. 

La vulnerabilidad de estos días nos está demostrando que nada es tan estable como podíamos pensar

La suma del avance de la legislación en materia de práctica deportiva en espacios naturales más los gestos de responsabilidad-concienciación y los de irresponsabilidad- ausencia de valores desemboca directamente en el futuro de este deporte.  

La vulnerabilidad de estos días, en que se han tenido que anular cientos de carreras por todo el mundo a causa del coronavirus, nos está demostrando que nada es tan estable como podíamos pensar. O vamos un paso por delante, analizando la situación, celebrando los aciertos y asumiendo los errores, para dejar de cometerlos o, en una década, quizá mucho menos, el menor de nuestros problemas será que la fortuna nos sonría en los sorteos del GTP y del UTMB. Probablemente eso no impedirá que este deporte llegue a ser olímpico pero, a este ritmo de calentamiento global más las consiguientes regulaciones para paliarlo, tal vez el Campeonato de España se celebrará en un parque entre 693 y 772 metros de altitud y los deportes de invierno en pistas artificiales. Sé que todo encontrará sus deportistas y su público. Por eso, la presentación de esta columna no deja de ser, en el fondo, el acta de fundación de una especie de Dead Poets Society, un Club de los Poetas Muertos de las carreras y deportes de montaña en general, que conocieron unos inviernos, primaveras y otoños, unas formas y valores que hoy parecen en vías de extinción. 

Que los vientos nos sean favorables.

#PiensoLuegoCorro

Beatriz C. Montes
Pianista y escritora profesional, fundadora de Nauclero Ediciones. En 2018 accedió a la formación de Técnicos Deportivos de Montañas y Escalada y en 2019 al cuerpo de Observadores Meteorológicos interinos de la AEMET.