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Las mujeres de UTMB

Son muchas las corredoras que participan en el Ultra Trail del Mont Blanc, pero siguen siendo minoría. Por el contrario, ellas son las que llevan el peso de la asistencia, los avituallamientos y el equilibrio familiar durante las horas de prueba. Así se vive esta carrera desde el otro lado.

Una imagen de un avituallamiento en el Ultra Trail del Mont Blanc 2021. UTMB.
Una imagen de un avituallamiento en el Ultra Trail del Mont Blanc 2021. UTMB.

Pocas cosas llaman más la atención de un evento como UTMB®. Lo es también en otro tipo de pruebas deportivas, pero aquí, en el santuario del trail running a nivel mundial, se hace todavía más patente y real. Salida, avituallamientos y meta. Independientemente del lugar, uno siempre puede observar cómo al otro lado de las marcas que delimitan el recorrido y las zonas reservadas a los participantes hay un denominador común entre las personas que se agolpan. Son, en su mayoría, mujeres. Algunas solas, otras con hijos. También con perros. Pocas con grupos más grandes de acompañantes. Embarazadas. Cada una con su historia, sus enseres de avituallamiento y su hombre al que asistir en cada uno de los puntos marcados por la organización. Una asistencia que es física y mental.

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“Es duro”. Dos palabras que son el resumen perfecto de la aventura que se vive más allá de la competición. Para poder asistir a un deportista que participa en la prueba reina del Ultra Trail del Mont Blanc, que consta de 171 kilómetros, las personas encargadas de ello tienen que recorrer 344 en coche, la mayoría en carreteras estrechas, en las que cruzarse un vehículo voluminoso significa asomarse al vacío, de noche y atravesando puertos de montaña. Una ruta que puede durar desde las 19 horas y 50 minutos que ha tardado Kilian Jornet en completar la prueba este año, en tiempo récord, hasta las 46 horas y 30 minutos que establece la organización como tiempo límite.

Y en todo ese espacio temporal, una vida. 

Las carpas de avituallamiento de un evento como este son lugares en los que se palpan muchos sentimientos. Angustia, duda, nerviosismo, tensión. Pero hay algo que es todavía más patente: el aburrimiento. Las mujeres, mayoría, resoplan y bostezan. Agarran a sus hijos de cualquier parte del cuerpo para que no se escapen hacia la zona delimitada para los corredores, calman a sus mascotas para que dejen de ladrar y agitan, al mismo tiempo, el batido con el que su corredor, su hombre, repondrá las fuerzas perdidas durante los kilómetros transcurridos.

Se apoyan entre ellas. Muchas se conocen de carreras previas y, si no, de toda la jornada que están viviendo juntas, de avituallamiento en avituallamiento.

Es un ejercicio funambulista en el que nada puede fallar mientras preparas la proporción exacta para la papilla y al mismo tiempo instas a tu hijo, el mayor, que deje de hacer rabiar a la pequeña, que lleva más de 13 horas en el coche y ya ha atravesado dos fronteras. Y estamos a mitad de camino.

Se apoyan entre ellas. Muchas se conocen de carreras previas y, si no, de toda la jornada que están viviendo juntas, de avituallamiento en avituallamiento. Comparten sus dudas sobre la ruta que tomar hacia el siguiente, se dan trucos sobre cómo evitar que la bebida isotónica no se disuelva más de la cuenta y sobre todo se apoyan moralmente. Porque saben, mirándose a los ojos, que lo que están haciendo no es fácil.

La llegada a meta es el final de la aventura para ellos, pero también para ellas. UTMB.
La llegada a meta es el final de la aventura para ellos, pero también para ellas. UTMB.

No es fácil porque lo de hoy es solo la punta del iceberg de un apoyo sin fisuras a una persona, generalmente su pareja, que sacrifica mucho de su tiempo juntos por acumular kilómetros en la montaña. Por dejar de ir a cenar el viernes por la noche para despertarse el sábado a las 4 de la mañana y hacer un entrenamiento de ocho horas, la mitad de noche, preparando la carrera de su vida. Una hipoteca personal que pocas veces es saldada y que, en ocasiones, se extiende hasta que el rol se perpetua: ella ayuda, él corre. 

Pero gracias a la visibilización de las mejores atletas femeninas, al compromiso de los eventos por igualar sus porcentajes en función del sexo y a la inclusión de la mujer en el deporte de ultra distancia, ellas cada vez son menos al otro lado de la barrera y más con el dorsal colgado de la camiseta. Mucho ha cambiado desde aquellas primeras ediciones del Ultra Trail del Mont Blanc en las que las mujeres participantes se contaban con los dedos de una mano. Ahora son más, sobre todo en las distancias más cortas del evento. De los 10.333 inscritos, un 20% son mujeres. En UTMB (170 kilómetros), el 9%. En CCC (101 kilómetros), el 16%. En OCC (55 kilómetros), el 29%. En MCC (40 kilómetros), el 33%. Y en ETC (15 kilómetros), el 44%.

Datos que auguran un crecimiento paulatino, también aquí, en la montaña, en lo que a participación femenina se refiere. ¿Llegaremos al equilibro con el que ya cuentan pruebas como el Maratón de Nueva York? Parece lejano, pero alcanzable. De conseguirse, esta historia aquí contada carecerá de sentido y será solo una crónica de un pasado desequilibrado y masculino, donde ellas no eran nada más, y nada menos, que las mujeres de UTMB.

Cada vez son más las mujeres corredoras en pruebas como el Ultra Trail del Mont Blanc. UTMB.
Cada vez son más las mujeres corredoras en pruebas como el Ultra Trail del Mont Blanc. UTMB.

 

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