Andrés Arroyo es un referente claro en un mundo del deporte de alto rendimiento eso no se le escapa a quien en estos últimos años haya estado más o menos “en la pomada” de todo lo que acontece en el mundo del trail: Sheila, Sara, Pau, Oriol o Mario Olmedo. Atletas con nombres y apellidos que todos conocemos, valoramos y admiramos. Andrés es también uno de esos entrenadores a los que les gusta salir de su zona de confort y reinventarse, marcarse nuevos retos y alcanzar nuevas metas, acabamos de verle acompañando a Oriol Cardona en su camino hacia el oro olímpico. Pero también Andrés es uno de esos que no se deja cegar por el brillo de las medallas, ni los resultados, ni la élite; es uno de esos que tiene absolutamente claro que todo esto no tiene otra fórmula que trabajo + trabajo + trabajo.
Mi vínculo con la montaña y el Trail nace desde muy pequeño.
Crecí junto a mis padres y mis dos hermanos en una casa de campo en Santa Cristina d’Aro, en el Baix Empordà. Tuvimos la suerte de vivir rodeados de naturaleza, pasando los días de sol a sol corriendo, explorando y jugando entre campos y montaña. Sin saberlo, ahí empezó todo.
Mi entrada más directa como entrenador de Trail llegó años más tarde, de la mano de mi hermano mayor, Diego. En ese momento, yo estaba terminando mis estudios en INEFC Barcelona, mientras él comenzaba a tomarse más en serio las carreras de montaña.
No hace tanto tiempo —o eso me gusta pensar— pero al escribir estas líneas soy consciente de los años que llevo en este deporte. Empezábamos en 2013, hace ya más de una década, en un trail muy distinto al actual, especialmente en términos de popularidad y profesionalización.
Por aquel entonces, era un deporte con muy poca estructura profesional, tanto para corredores como para entrenadores. Aun así, poco a poco fui trabajando con corredores de mi entorno, aplicando lo que sabía… y también lo que creía saber. Fue una etapa de aprendizaje constante, de ensayo-error.
Un momento importante en mi trayectoria fue mi primer contacto con una corredora que acabaría siendo de élite: Sheila Avilés. Cuando empezamos a trabajar juntos, Sheila no era profesional; compaginaba su trabajo en una tienda deportiva con los entrenamientos.
En poco tiempo, conseguimos ganar la Copa del Mundo de Skyrunning, iniciando una progresión que la ha llevado a consolidarse como una de las referentes del trail. Desde entonces, hemos compartido un camino que nos ha llevado a recorrer medio mundo y a crecer junto a un deporte que también evolucionaba a gran velocidad. Gracias Sheila, por tanto.
A lo largo de estos años, he tenido la oportunidad de trabajar con otros de los mejores corredores del panorama nacional e internacional, como Oriol Cardona, Sara Alonso, Mario Olmedo o Pau Capell, entre otros.
Si alguien me lo hubiera dicho hace años, probablemente no me lo habría creído
Y, sin embargo, este camino me ha llevado a ver cómo mis atletas han podido luchar por las carreras más importantes de nuestro deporte, e incluso recientemente a conseguir una medalla de oro olímpica junto a Oriol Cardona en esquí de montaña, en los Juegos Olímpicos de Milán, compartiendo además parte de ese proceso y aprendizaje con profesionales de altísimo nivel como Víctor López y Kilian Jornet.
Soy consciente de la suerte que he tenido de poder acompañar a todos estos deportistas. Pero también sé que el alto rendimiento no es sencillo. Tiene unas exigencias y unas particularidades que no son para todo el mundo.
Al final, mi trabajo consiste en comprender al máximo las ciencias del entrenamiento y del cuerpo humano, pero sobre todo en saber adaptar ese conocimiento a cada persona. Porque detrás de cada corredor, también hay una persona. Cada atleta tiene sus propias capacidades, pero también su carácter, sus emociones y su forma de entender el deporte. Y lo que funciona para uno, no funciona necesariamente para otro.
Para terminar, me gustaría agradecer a todos los corredores y corredoras con los que trabajo, tanto profesionales como amateurs, por la confianza que depositan en mí.
En el caso de los atletas de élite, por poner en mis manos una parte tan importante de su carrera deportiva y profesional. Y en el caso de los corredores amateurs, por confiarme algo igual de valioso: su tiempo, su esfuerzo y su dinero.
Nada de esto tendría sentido sin esa confianza. Al final, detrás de cada planificación hay una responsabilidad enorme, y es algo que intento cuidar y respetar cada día.









