El trail running es un deporte que invita a explorar paisajes extraordinarios y a superar límites personales. Pero para disfrutarlo plenamente es imprescindible asumir la montaña con respeto y responsabilidad. Tanto por parte de los organizadores de carreras como para los participantes. Preparación, material adecuado, autoconciencia y una buena organización forman la base de una práctica segura.
Me gustaría pensar que la mayoría de la gente sabe lo que significa la palabra CECOR, especialmente aquellas personas que participan en grandes eventos deportivos y más cuando estos se desarrollan en la montaña. Si no es el caso, grábatelo y tenlo muy presente siempre que corras en alguna prueba, significa Centro de Coordinación de Carrera. Es decir, un centro de mando en el que están representados los diferentes servicios de emergencia (policía, bomberos, sanitarios, etc.) para dar respuesta a situaciones de riesgo que se puedan producir durante el evento. Su función principal es asegurar la coordinación, el intercambio de información y la gestión eficiente de cualquier incidente para garantizar la seguridad de los participantes. Bajo ese paraguas todos y cada uno de los corredores están controlados, y en caso de lesión, pérdida o caída, se activan todos los mecanismos para su rescate y seguridad. En muchas de las pruebas que conocemos actualmente, todos los equipos representados en el CECOR está conectados por un sistema de gestión, supervisión, seguimiento y cronometraje de carreras que permite anticipar incidencias. El más conocido -y, al menos, más completo que a día de hoy conozco- es el famoso Live Trail, que usan pruebas como Salomon Ultra Pirineu, Penyagolosa Trails, The North Face Transgrancanaria, Les Templiers, Olla de Núria y las carreras de las UTMB World Series, entre otras. Según se puede leer en su página web: “Porque el tiempo es importante, pero la seguridad lo es aún mas”. Cuando me propuse hablar de seguridad, sabía que iba a ser un tema complicado ya que engloba muchos puntos. Normalmente entendemos que la seguridad de una carrera se basa en que esté bien balizada y que cuente con su correspondiente equipo médico y de rescate, sin prestar más atención a otros factores que son determinantes para que el evento sea lo más seguro posible, e incluso sin saber todo el trabajo “invisible” que hay detrás de la organización de una prueba de montaña.
La montaña es un medio hostil: el clima impredecible, la altitud, los difíciles accesos, las zonas sin cobertura... Riesgos potenciales para los participantes que implican una planificación rigurosa, una comunicación continúa, unos protocolos de emergencia y una adaptación rápida a las situaciones que se puedan producir
No debemos, como corredores, subestimar la importancia de la seguridad en la montaña
Cuando una persona se apunta a una carrera de montaña, su elección ha podido ser motivada por diversas razones: puede ser por el recorrido, por descubrir un lugar nuevo, por correr con el compañero o compañera de fatigas, por participar en una prueba de un circuito…
Esa motivación nos lleva a inscribirnos, nos hace prepararnos para el reto siguiendo un plan de entrenamiento y nutrición, y también hacernos con todo el material necesario y obligatorio que nos exijan en el reglamento para participar. Revisando algunos reglamentos de las pruebas más importantes a nivel mundial, en prácticamente todos se incluye un ‘Consentimiento informado’ en el que se informa de que el corredor/a acepta el reglamento y se compromete a cumplir las normas y los protocolos de seguridad, entre otros puntos importantes.
Es decir, cuando uno se inscribe a una prueba deportiva lo hace de forma totalmente voluntaria y bajo su responsabilidad. Una responsabilidad que va más allá, ya que conocer el medio natural y tener las habilidades para movernos en él es el primer paso hacia la seguridad. Según los reglamentos, el corredor/a debe reunir las condiciones físicas y de salud necesarias para realizar la prueba en cuestión; llevar todo el material obligatorio que se exige en este tipo de pruebas; auxiliar, colaborar en el auxilio y/o avisar a la organización de cualquier accidente que tenga otro corredor/a si se cruza con ellos en el transcurso del recorrido, y cumplir con las medidas de seguridad establecidas por la organización. Como veis, no son pocas responsabilidades, y estaría bien no olvidarse de ellas cuando uno/a se inscribe en una carrera.
En muchas ocasiones olvidamos estas responsabilidades como corredores, creemos que solo tenemos derechos (y no deberes) y volcamos toda nuestra responsabilidad en "la otra parte", en la organización de la carrera. Porque está bien que una carrera te recomiende o te exija qué equipo debes llevar, pero quizás tú, por tu experiencia y por tus condiciones físicas o técnicas, necesites llevar material extra que el exigido. Y aquí podríamos hablar del sentido común de cada uno, porque contar con este equipo -y saber usarlo- durante la carrera si tenemos algún contratiempo o accidente. Por ejemplo, si hay previsión de mal tiempo y la organización exige solo un cortavientos, y nosotros conocemos nuestro cuerpo y sabemos que nos afectan seriamente en nuestro rendimiento el frío y la lluvia, metamos también en la mochila una tercera capa impermeable, unos guantes y un gorro. Esto marca la diferencia entre tener un susto en una carrera y una situación grave.
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El papel de la organización
Hablemos ahora del papel de la organización: ¿cuál es y hasta dónde llega su responsabilidad? ¿Qué se les debería exigir en cuanto a seguridad? Para poder escribir sobre ello he hablado con diferentes organizadores de carreras, he leído algunos de sus planes de seguridad y también un análisis realizado por dos expertos de la FEDME que podéis encontrar en Internet (referencias al final). Igualmente he conversado con un responsable del sistema de gestión Live Trail, y con un corredor de élite que además es experto en seguridad en montaña, En el informe «La seguridad y la gestión del riesgo en las carreras por montaña», realizado por Alberto Ayora y Pedro Carrasco en 2017, mencionan el Real Decreto 2816/1982 que hace referencia al Reglamento General de Policía de Espectáculos Públicos y Actividades Recreativas. En él se detallan las obligaciones que los organizaciones de evento tienen y las medidas a adoptar sobre seguridad. Pues bien según este informe: “No hay que olvidar que, aunque haya medidas de seguridad exigibles legalmente, estas exigencias son requisitos de mínimos, con lo que si son necesarias medidas de seguridad adicionales a las que exige la legislación, deben adoptarse. En el caso de las carreras por montaña, esta obligación general se traduce en que el organizador debe:
- Trazar el itinerario de la carrera.
- Evaluar los riesgos del itinerario y adoptar las medidas de seguridad correspondientes.
- Disponer de servicios de asistencia sanitaria.
- Señalizar suficientemente el itinerario con los elementos más adecuados a las circunstancias de la carrera.
- Establecer suficientes puntos de avituallamiento, según la modalidad de carrera, dotados adecuadamente.
- Planificar la respuesta en caso de emergencia.
- Dotarse de los medios materiales y humanos necesarios para cumplir las anteriores obligaciones. Esto incluye designar, como mínimo, un responsable de seguridad.
- Documentar el sistema de seguridad en una memoria o plan de seguridad del evento.
Todos estos puntos deberían ser los mínimos que cumplieran los organizadores. Ya os digo que con los que yo he hablado los cumplen, y no sólo eso, algunos van mucho más allá. No os podéis hacer una idea de lo escrupulosos que son algunos de los planes de seguridad que he consultado. Algunas carreras no sólo tienen plan B, sino que tienen plan C, D… varias alternativas de recorridos en caso de que la climatología cambie de forma muy rápida y brusca, incluso en cuestión de minutos; un exhaustivo protocolo de seguridad y emergencias; una coordinació y comunicación continua no sólo entre el equipo interno de carrera, sino con agentes externos que en muchos casos también se encuentran físicamente en el CECOR (Protección Civil, Policía Local, Bomberos…). Es decir, una maquinaria completa que supone un alto porcentaje del presupuesto de carrera. Estamos hablando de altos costes de personal sanitario, seguros, contratación de ambulancias y servicios de emergencia, material de rescate, transporte, infraestructuras y telecomunicaciones…
En las carreras por montaña el tiempo es importante, pero la seguridad lo es aún mas
Hemos hablado de la climatología cambiante, por ejemplo, las tormentas eléctricas de verano que pueden formarse rápidamente por el calentamiento diurno, a veces en cuestión de minutos. En la HOKA Val d’Aran by UTMB saben mucho de esta situación, ya que se han tenido que enfrentar a ella en todas las ediciones celebradas hasta la fecha. Las siete pruebas de su programa atraviesan zonas de alta montaña con pasos técnicos, crestas expuestas, collados de más de 2.000 metros y tramos donde la cobertura móvil es inexistente. Un cóctel que hace que la seguridad sea su máxima prioridad, a ella dedican una parte alta de su presupuesto y muchos recursos humanos y técnicos. En la VDA, la prueba reina de 163 km, los corredores pueden pasar hasta 48 horas en carrera. “La belleza del Pirineo es parte del atractivo, pero también su riesgo. Aquí, una tormenta eléctrica puede desatarse en minutos, y la temperatura puede caer diez grados en media hora”, explica Ferrán Calvet, director ejecutivo del evento. Como bien indican desde la organización de la Major Europea de las HOKA UTMB World Series: “En un entorno así, la seguridad no es un complemento: es el pilar que sostiene todo el evento”. Una afirmación que comparten los organizadores con los que hemos hablado y seguramente de todos los que se dedican a organizar pruebas. La montaña es un medio hostil, no sólo por el clima impredecible, sino también por altitud, la latitud, por el terreno irregular, por los difíciles accesos que complican la logística, por los propios riesgos naturales (desprendimientos de rocas, ríos crecidos, nieve, hielo…), por las zonas sin cobertura, etc.
Todos estos son riesgos potenciales para los participantes y voluntarios, e implican una planificación rigurosa, una coordinación y comunicación continúa, un equipo multidisciplinar, unos protocolos de emergencia y una flexibilidad y adaptación rápida a las situaciones que se puedan producir.
La HOKA Val d’Aran by UTMB, por ejemplo, moviliza a más de cien personas dedicadas exclusivamente a la seguridad, entre personal técnico, médico, logístico y voluntarios formados. El dispositivo médico, dirigido por Salvador Sarrá, jefe médico del Hospital de Cerdanya, cuenta con 50 profesionales sanitarios distribuidos por todo el recorrido, además de ambulancias, vehículos 4x4 y puestos médicos avanzados en los puntos estratégicos del valle. “En una carrera de montaña, los problemas no son sólo las caídas o lesiones. También la hipotermia, la deshidratación o la desorientación en zonas sin cobertura. Cada minuto cuenta”, subraya Sarrá. Él es también el máximo responsable del dispositivo médico en la Salomon Ultra Pirineu. Su director, David Prieto, de la empresa Pangea, organizadora del evento de Bagà, nos explica los protocolos que llevan a cabo: “La seguridad en la UP es fundamental, está en todo, desde el doble chip que llevan los corredores hasta toda la formación previa que se da a cada uno de los voluntarios de la carrera, la comunicación interna y externa que se da a los participantes, el balizaje, los escobas… Hay factores que a nivel de corredor no se perciben cuando se habla de seguridad. Por eso para mí es difícil cuantificar el coste, porque la seguridad está en todo”. La Salomon Ultra Pirineu también cuenta con la plataforma Live Trail como sistema de gestión de información, que aparte de dar resultados, ofrece un seguimiento completo de cada uno de los participantes. “En cada punto de control, un total de 11, hay un responsable de la empresa Live Trail para controlar con la máxima precisión que los participantes han pasado por cada uno de los puntos de control. Así podemos calcular el tiempo estimado de esos participantes en el siguiente punto, y si ese tiempo no se cumple porque al corredor le ha pasado algo entre un punto y otro salta un aviso que activa al equipo de seguridad”, comenta David. “Todo este engranaje duplica los costes pero al mismo tiempo te garantiza una mayor seguridad y control de los participantes. También el balizaje que usamos, mucho más caro: unas balizas de un gramaje mayor, con un reflectante especial pensado para que cuando estén mojados por la lluvia sigan siendo reflectantes, es decir, un marcaje que te da unas garantías de seguridad cuando la meteorología se te pone en contra, importante, sobre todo, sabiendo que tienes corredores que no conocen bien la zona. A esto le sumamos que las personas que van a marcar han pasado por una formación, un equipo profesional, que no solo marca, sino que también remarca justo antes de la carrera para asegurarse de que no ha habido un sabotaje. También están de guardia durante toda la carrera por si hubiera habido un desmarcaje accidental”, añade el director de la Ultra Pirineu.
La comunicación, vital
En la HOKA Val d’Aran by UTMB, como en otros eventos, el sistema de comunicación es muy importante. En su caso cuentan con un partner que les instala cada año una red temporal de radiocomunicaciones que cubre los más de 200 km de recorrido. El sistema utiliza seis repetidores ubicados en Vilamós, Bausen y Cap de Baqueira, enlazados por antenas estratégicas. Este sistema se respalda con una red de comunicaciones vía satélite con la constelación Starlink que permite cubrir las comunicaciones en los espacios más recónditos del valle y que médicos, bomberos, voluntarios y responsables de carrera se puedan comunicar en todo momento. En 2024, cuando se activó un protocolo de evacuación por tormenta, el sistema permitió evacuar a más de 1.400 corredores en muy poco tiempo, sin incidentes graves. “La radio fue nuestro salvavidas. Sin esa red, habría sido imposible actuar con tanta rapidez. Las radios se utilizaron para comunicaciones de voz en dos grupos de conversación (logística y emergencias), y se realizaron al menos mil llamadas durante el evento”, explica Ferrán Calvet. Son algunos ejemplos de lo que para carreras de larga distancia que transcurren en altitudes de más de 2.000 metros y por la noche, dedican en tiempo, personas y presupuesto. Y es que como bien apunta Calvet: “La seguridad en un evento de estas dimensiones no se improvisa. Cada detalle, desde la ubicación de un repetidor hasta la previsión meteorológica, se planifica meses antes”. Una idea compartida por el director de la Salomon Ultra Pirineu: "la carrera en todo momento está guionizada y hay un responsable de que el protocolo se cumple y que cada actor implicado en la prueba responde con garantías a la responsabilidad que se le ha adjudicado".
La opinión de un experto en seguridad en montaña
Un experto en seguridad y rescate en montaña y también corredor de trail nos ofrece su opinión de lo que deberíamos tener en cuenta tanto participantes como organizadores para "asegurar" esa seguridad, valga la redundancia:
"Lo primero de todo es que la organización de la carrera tuviera unos requisitos de seguridad claros y concisos para que se puedan seguir a rajatabla, que el encargado de seguridad de la carrera tenga la formación adecuada en función de la exposición de su carrera, que los árbitros recorrieran todo el circuito y que también tuvieran una formación adecuada para tener un criterio claro sobre riesgos y peligros… En mi opinión para subir a 500 corredores a la cima de un monte, deberían tener la misma formación que se exige a un guía de montaña para subir a un cliente a la misma cima. Se podría dar el caso de pruebas donde los participantes ascienden a zonas en las que para subir a un solo cliente el guía ha de estar titulado, y que para subir 500 corredores no haya nadie titulado que haya reconocido el circuito.
En cuanto a la responsabilidad de los corredores: creo que deberíamos saber muchas cosas respecto a la seguridad en la montaña, pero sobre todo creo que deberíamos conocer cuánto tarda en moverse una camilla por un sendero, que los helicópteros con niebla o por la noche no pueden volar, y que los recursos son limitados, es decir, que es posible que el grupo de rescate esté ocupado cuando nosotros lo necesitemos. En definitiva, creo que debemos pensar que cuando estamos en la montaña estamos bastantes solos".
Conclusión final
El trail running es un deporte que invita a explorar paisajes extraordinarios y a superar límites personales. Pero para disfrutarlo plenamente es imprescindible asumir la montaña con respeto y responsabilidad. Preparación, material adecuado, autoconciencia y una buena organización forman la base de una práctica segura. Porque en el trail, como en la vida, la mejor carrera es aquella que podemos terminar con una sonrisa… y con ganas de volver a la montaña.








