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La ultra de tu vida

Nuestro médico de cabecera nos relata su reciente aventura, ir desde su casa en Vitoria hasta su pueblo materno, Elciego, en La Rioja. Un total de 75 kilómetros  y 2300 metros de desnivel positivo

JAVIER BARRIO, médico del C.D. Alavés

La ultra de tu vida. JAVIER BARRIO, médico del C.D. Alavés
La ultra de tu vida. JAVIER BARRIO, médico del C.D. Alavés

Un reto es algo que uno se plantea sin la certeza de poder acabarlo pero con la seguridad de poner toda la carne en el asador para conseguirlo; yo creo que lo mío tuvo más de aventura que de reto, ya que salvo accidente o desfallecimiento era una distancia y desnivel que controlaba bien  y además incluía el aspecto emocional y de pura diversión. En estos tiempos de pandemia, surgen ideas y  emociones que uno trata de poner sobre el papel. Estos últimos años he estado realizado la travesía entre Vitoria y Kampezo en fechas navideñas con mis amigos y compañeros de aventuras los hermanos Txasko (grandes traileros y mejores personas) y ya durante el confinamiento fue tomando forma la idea de unir mi casa en Vitoria con la del pueblo materno en Elciego (Rioja Alavesa- Tierra de de buen vino y mejores paisajes); recorrido este que se puede realizar por diferentes vías entre ellos la ya conocida “Ruta del pescado y el vino”. Pero yo quería hacer algo diferente y siendo mi familia paterna del Condado de Trebiño más concretamente de San Esteban, a los pies de la Ermita de San Formerio que me vio hacer mis primeras carreras por monte en aquella Estabillo San Formerio que se realizaba hace ya unos años, pensé en unir los tres puntos.

Os animo a buscar un recorrido que os motive tanto a nivel deportivo como emocional porque os aseguro que la experiencia será inolvidable. Primero ver recorrido, consultar wikiloc, google maps y revistas en los que aparecen algunos de los tramos a recorrer, consultar al mayor ¨sabio” de los Montes de Vitoria e impulsor de una de las carreras con más tradición en la zona y que recoge el propio nombre de los montes en un recorrido de 62 kilómetros también uno de los impulsores de Hiru Haundiak y sus 100kilómetros por Gorbea, Anboto y Aitzkorri, el gran Eloy Corres. Tras ver diferentes variantes del recorrido me quedo con uno de 75 kilómetros  y 2300 metros de desnivel positivo, que atraviesa la ciudad, montes de Vitoria, Trebiño, Portilla y su castillo, Berganzo y su espectacular ruta del agua, Peñacerrada al pie del puerto de la Herrera, para entrar en Rioja Alavesa por Samaniego, Villabuena y la meta en Elciego atravesando viñedos y corriendo junto a grandes bodegas.

Os animo a buscar un recorrido que os motive tanto a nivel deportivo como emocional porque os aseguro que la experiencia será inolvidable.

Después, toca montar el operativo, ya que iba a realizar el recorrido en solitario, decidir puntos de avituallamiento, apoyo por el camino por si los inconvenientes y elegir el día. La idea inicial de realizarlo el fin de semana del 5 de junio me duró poco al recordar mi relación con las tormentas en esas fechas en los pirenaicos Bastions o en la propia EH Mendi Erronka, decidí adelantarlo una semana a la noche del 28 al 29 de mayo en la que además iba a disfrutar de una preciosa luna y las temperaturas previstas eran de mínimas de 12 grados a la noche y máximas de 28 ya al medio día en Rioja Alavesa.

Los entrenos, los del invierno y la primavera con bastante bici de carretera picando para arriba y tiradas de no más de 25 kilómetros eso sí con buenos ritmos. Además una buena dosis de gimnasio semanal para trabajar core y tren inferior. Todo esto me hace llegar en buena forma para afrontar el reto-aventura.

La última semana transcurre un poco en tapering y cogiendo fuerzas tras un final de temporada apretado en mi trabajo, el fútbol. El último día para soltar piernas y relajar la mente me doy una vuelta en bici con amigos hasta Gopegi.

Como no podía ser de otra manera, la tarde anterior mis tesoros más grandes (Martin, Irene e Iker) no me dan tregua y acabo durmiendo poco más de tres horas, hasta que a las 2 am suena el despertador. Me levanto entre la pereza y la emoción de lo que se avecina. Un café, un poco de bizcocho y un arroz con leche de esos que me tomo siempre cuando salgo prontito a entrenar.

A las 2:20 estoy en la puerta de casa, respiro, miro alrededor, todo está en calma, la luna no se deja ver entre las nubes altas que cubren el cielo y el termómetro marca 14ºC. Comienzo a correr y me cruzo con varios grupos de noctámbulos que aún pululan por ahí y se sorprenden al verme pasar.

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No llevo ni 1 kilómetro y me paro a quitarme el cortavientos, unos segundos y reanudo el camino pasando junto al Hospital de Txagorritxu donde nacieron mis tesoros, la calle con tres carriles por sentido está desierta y no dudo en correr por ella mientras me voy acercando a Armentia, cuyas campas se llenan de puestos y gente en la Romería de nuestro patrón San Prudencio. Unos cientos de metros más, me adentro en el bosque de Armentia (uno de los pulmones del anillo verde que hizo Green Capital a Vitoria), la ciudad y sus luces quedan atrás pero la luna empieza a buscar sitio para asomar entre las nubes e iluminar los “coches del amor” que me cruzo hasta llegar a Eskibel, camino archiconocido. Subo por el hayedo hasta el repetidor donde me espera una de las imágenes más bonitas de la noche al romper la luna entre la nubes apareciendo entre las antenas. Disfruto unos segundos del espectáculo y me encamino hacia la cima de Busto por el sendero que sigue la divisoria de aguas y de allí a San Miguel para coger la durísima pista de hormigón que desciende hacia Ocilla y Ladrera ya en Trebiño.

Inmerso en la niebla que cubre el llano me encamino pasando por Añastro a San Esteban donde me espera mi primo Unai con un café calentito y una buena tostada con aceite y jamón. Desayuno rápido y comienzo el ascenso a través del bosque a San Formerio (aquí mi padre y sus hermanos disfrutaron de muchas romerías) donde voy saliendo de la niebla y viendo las primeras luces del alba. Desde aquí siguiendo un senderito que recorre el camino inverso a aquellas primeras ascensiones desde Estabillo y tras una coladita que me hace retroceder casi 10 minutos atravieso Lacervilla y dejo a un lado Berantevilla para a través de la carretera ascender hasta Portilla acompañado solo por los caracoles que me salen al camino y me disputan la subida. Parada en el pórtico de la Iglesia para reponer los botellines y tomo el camino que por debajo del Castillo de Portilla (que domina toda la llanura inferior) y tras ascender un kilómetro más, comienzo un descenso de unos 7 kilómetros por un suave camino tapizado con agujas de los pinos y en el “único” charco de barro que me encuentro en todo el camino resbalón y baño. Bueno al menos hidrata. Poco a poco llego a Berganzo, punto de partida de “La ruta del Agua” guiada por el curso del Río Inglares con sus cascadas, saltos de agua y pozas azul turquesa. Allí me esperan mis primos Loly y Koldo con un poco de avituallamiento (sándwich de nocilla y bebida de cola), camiseta seca y tras recargas los botellines en los chorros de la fuente recorro este tramo de la ruta parándome a ver el espectáculo natural hasta la cascada de las Herrerías (que junto al salto del Nervión es una de las más conocidas en Euskadi); de allí en vez de tomar los canales que me apartarían un poco de mi camino tomo la carretera, que tras un pequeño puerto me lleva hasta Peñacerrada donde el sol empieza ya a castigar con fuerza. Tomo el desvío hacia Montoria, donde me esperan de nuevo para volver a hidratarme y me adentro en otro hayedo espectacular. La subida hasta el puerto de La Herrera es tendida y sin grandes desniveles pero me sitúa a 1.100 metros en lo alto del puerto donde cojo camino del repetidor que corona la Peña del León (1.391 metros y techo del recorrido, con 257 escalones de cemento y una escala metálica), desde cuyo mirador se disfruta de unas vistas de toda La Rioja. Unas fotos con los primos y me tiro para abajo a través de un cortafuegos por un terreno seco y roto donde sufro la segunda caída del día también sin consecuencias.

 

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La ultra de tu vida. JAVIER BARRIO, médico del C.D. Alavés

 

Llego a Samaniego a través de un terreno más parecido a una dehesa, donde el sol ya abrasa. Decido no parar ni un minuto y a través del GR entre viñedos me encamino hacia Villabuena de Álava, llegando a la plaza del pueblo donde me espera mucho hielo con un refresco que bebo en un par de minutos. Con un trozo de pan en la boca sigo camino hacia mi destino. Los últimos tres kilómetros con la silueta de Elciego ya al fondo los hago sobre un asfalto que se pega a los pies. La emoción y la alegría por la aventura pasada me invade. Foto en la entrada del pueblo y recorrido de honor pasando por donde estaba la antigua casa de mis abuelos; bajo hasta las bodegas de Valdelana y El Riscal con el majestuoso edificio de Frank Gehry de testigo. Deshago mis pasos para entrar en el centro del pueblo por la empinada cuesta que lleva hasta la plaza no sin antes pasar por la actual casa familiar y hacer entrada en la solitaria Plaza donde Barrihuelo desciende en septiembre desde la Ermita de la Virgen de La Plaza hasta el balcón del Ayuntamiento. Meta, me siento en un banco y aparece por el fondo mi familia. Besos, abrazos, comentarios, fotos y a comer. Este es el Trail de mi vida. ¿Y el tuyo? Anímate. Planifícalo, Hazlo. Nada tiene que ver con correr en grandes pruebas de las que guardo grandísimos recuerdos y ganas de repetir como Zegama, Aneto o Mont Blanc. Pero os lo aseguro es “El Trail de mi Vida”.

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La ultra de tu vida. JAVIER BARRIO, médico del C.D. Alavés

 

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