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¿Comes para correr o corres para comer?

¡Hay momentos para todo!

¿Comes para correr o corres para comer? iStock 1222955692
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Como en la vida misma, ¡Hay momentos para todo! Incluso yo que no soy nada golosa y que en casa siempre me han dicho que como para sobrevivir, me ha pasado aquello de… ¿Sabes cuando estás corriendo pensando en lo que te vas a zampar nada más cruzar la puerta de casa, prácticamente sin saludar? ¿Te ha pasado algún vez?

Mi nutricionista siempre me explica que la comida debe de ser una motivación en carreras largas, que debemos colocar aquellas cosas especiales en momentos cruciales para que las competiciones fluyan y para conseguir mantener el ánimo arriba. Saber que cuando llegues a tal avituallamiento, vas a poder comer una cosa específica. Aquello te mantiene motivado y, casi con seguridad, te hará cambiar el humor y el enfoque.

Pues debe tener razón porque no me ha pasado veces ni nada estar a finales de algún entrenamiento un poco largo y encontrarme imaginando qué voy a prepararme cuando termine. Mientras voy avanzando una pierna detrás de otra para seguir sumando zancadas, no obvio ningún tipo de detalle y en mi mente se reproducen cada uno de los alimentos que van a conformar el festín. Inmediatamente, y de manera irracional, mi olfato y mi gusto se agudizan y empiezo a notar que estoy salivando más de la cuenta. Es una sensación entre placentera y de impotencia porque sé que todavía tengo que esforzarme un poco para alcanzar el goce.

¡No me creo que no te haya pasado nunca!

Supongo que será el resultado de que los niveles de glucosa bajan y el coco nos pide gasolina a gritos. Generalmente, lo que imagino en estas situaciones no acostumbra a ser una pieza de fruta o un yogurt blanco sin azúcar –alimentos que de normal, me apetecen bastante –sino que en ese instante lo que me pide el cuerpo es alguna cosa bastante más consistente, grasienta, dulzona o bañada de chocolate… ¡mucho chocolate! Aunque si realmente el entrenamiento ha sido largo y he tirado bastante de barritas dulces, entonces, lo que me pide es sal. Un buen sándwich de jamón serrano, una pizza, una bolsa de patatas chips o una tortilla de patata y cebolla. Y agua con gas, ¡mucho agua con gas!

Marc, mi pareja, sabe que si en meta le pido patatas chips y Coca-Cola es que he llegado apurada de verdad.

Hace unos días me pasó en un entrenamiento largo de montaña, aunque creo que me acostumbra a suceder más con la bici... Recuerdo perfectamente dónde estaba corriendo y qué imaginaba que me regalaría al terminar. Entonces me di cuenta de que me quedaba un buen rato, así que intenté engañar a la mente con una barrita. Llevaba dos y me sacié con una de las preferidas, de las que guardo para momentos críticos. Esta acción me adulteró mis deseos alimentarios que no podría satisfacer hasta cruzar la puerta de casa. ¡Funcionó! Pero no dejé de cumplir mis sueños más suculentos al finalizar.

Realmente, comer con hambre es un placer. Comer después de una buena paliza es una de las delicias de las que podemos gozar los corredores que necesitamos comer bien para poder correr bien, pero de vez en cuando, hacer lo de correr para comer… pues tampoco está nada mal, ¿verdad?

La pesadilla de comer y correr (a la vez). Foto: Revista Trail Run.

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