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Corriendo con Chema Martínez en el Gran Glaciar del Aletsch

El vídeo de nuestra experiencia con Chema Martínez en el glaciar más largo de los Alpes: "un viaje que hay que hacer, al menos, una vez en la vida"

Chema Martínez en el Gran Glaciar del Aletsch
Chema Martínez en el Gran Glaciar del Aletsch

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“Un viaje que merece mucho la pena, de esos que hay que hacer, al menos, una vez en la vida”. Con estas palabras resumía Chema Martínez su experiencia en el viaje que organizamos junto a Suiza Turismo a la región del Aletsch Arena. Caminar sobre el mar de hielo milenario más largo de los Alpes, conocer la importancia de los glaciares en la salud del planeta y correr a más de dosmil metros de altitud en la Media Maratón del Aletsch con espectaculares vistas a cumbres míticas como la Jungfrau o el Eiger. Una aventura para repetir. Aquí tenéis el vídeo de nuestra experiencia con Chema Martínez en el glaciar más largo de los Alpes. 

Cuando era niña desde aquí no se veía el final del glaciar, y ahora, 25 años después, sí”, comenta con nostalgia Jasmine Noti mientras vemos cómo la enorme lengua de hielo y morrena se difumina en el fondo del valle hasta convertirse en una masa de tierra y roca. Jasmine, responsable de turismo de la región del Aletsch Arena, nació a los pies del glaciar más largo de los Alpes, y si para los foráneos que lo contemplamos por primera vez es doloroso comprobar el alarmante repliegue del mar de hielo, podemos imaginar su aflicción cada vez que sube a mostrar a los visitantes este tesoro natural de su región. Declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, el Gran Glaciar del Aletsch tiene 20 km de longitud, 800 m de profundidad y 79 km2 de extensión. Alberga, encajonados entre las imponentes cumbres de los Alpes suizos, 160 millones de metros cúbicos de hielo en continuo movimiento. Cuesta hacerse una idea de su grandeza aportando solo cifras, si os decimos que su extensión es la de 10.000 campos de fútbol juntos y qie si se deshelara, el agua podría abastecer con un litro diario a los 8.000 habitantes del planeta durante seis años, es más fácil imaginarse sus vastas dimensiones.

Desgraciadamente el Aletsch, como muchos otros glaciares del mundo, se está derritiendo a pasos agigantados. Pudimos comprobarlo con nuestros propios ojos en el viaje que organizamos junto a Suiza Turismo y nuestra agencia Sport Travel a la región del Aletsch Arena del 25 al 29 de junio, un viaje con el que queríamos descubrir a los participantes la belleza de las montañas de esta región del cantón del Valais de una forma activa -caminando sobre el glaciar y corriendo la Media Maratón del Aletsch-, y al mismo tiempo, como amantes del deporte en la naturaleza, entender la importancia que tienen los glaciares en la conservación del planeta. Os contamos la increíble experiencia que compartimos un grupo de 10 aventureros junto al atleta Chema Martínez en este lugar del que acabamos de regresar y al que ya queremos volver.

GRANDE otra perspectiva glaciar
El Aletsh es el glaciar más largo de los Alpes con 20 km de longitud

 

Brig, la puerta de entrada al Aletsch Arena


Procedentes de Madrid y Barcelona, el grupo de viajeros volamos al aeropuerto de Zürich, desde donde cogemos un tren que nos lleva a la región del Aletsch Arena y al destino que va a ser nuestro campobase en este viaje: Fiescheralp, uno de los tres pueblos de montaña del glaciar del Aletsch (los otros dos son Riederalp y Bettmeralp) a los que se accede únicamente por teleférico, ya que está prohibido el tráfico de coches. A Fiescheralp, a 2.222 m. de altitud, se sube en el telecabina más rápido de Suiza en apenas diez minutos desde el pueblo de Fiesch, situado en el valle. Antes de llegar hacemos una parada en Brig, la puerta de entrada a la región. Esta pequeña ciudad rodeada de montañas que pasa inadvertida para muchos viajeros que solo la ven como intercambiador de transporte o estación de paso del famoso Glacier Exprés, guarda un sorprendente y esplendoroso pasado. En el siglo XVII Brig era un importante centro económico gracias a su estratégica situación en el Paso del Simplón, un puerto alpino de obligado paso de las rutas comerciales
que unían el norte de Europa con Italia. El empresario Kaspar Jodok von Stockalper aprovechó esta posición privilegiada para controlar el tránsito de mercancías en el paso y levantar un imperio económico por el que fue conocido como el "Rey del Simplón". Su legado perdura en el barroco Palacio Stockalper, el símbolo de la ciudad y una de las paradas del Grand Tour of Switzerland, la gran ruta panorámica en coche que visita los paisajes y monumentos emblemáticos del país helvético. Otro personaje ilustre de la ciudad fue el médico Ernest Guglielminetti, quien sentó las bases de la pavimentación moderna al proponer cubrir de alquitrán las antiguas carreteras de arena para evitar los problemas respiratorios que causaba el polvo que levantaban los carruajes y los primeros automóviles. Paseamos por su coqueto casco urbano, donde se nota la influencia italiana en sus edificios de estilo centroeuropeo, antes de regresar a la estación y coger el tren hacia Fiesch. Unos metros más allá de la salida (www.alpinafiescheralp.ch), donde nos reciben con una deliciosa raclette típica del Valais. Ahora ya sí podemos decir que estamos en los Alpes suizos.

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El Palacio Stockalper, es el símbolo de Brieg y una de las paradas del Grand Tour of Switzerland

 

Trekking sobre el milenario mar de hielo

El primer día en las montañas tenemos una de las actividades estrella del viaje: un trekking guiado sobre el milenario mar de hielo. Para acceder a la superficie del glaciar primero hay que ascender al Eggishorn (2.869 m), el mirador más alto de los cuatro que se reparten a lo largo del borde oriental del glaciar; los otros son, de mayor a menor altitud, el de Bettemerhorn (2.647 m), al que se accede desde Bettmeralp, y los de Moosfluh (2.333 m) y Hohfluh (2.227 m), desde Riederalp. El Eggishorn es el único mirador desde donde se puede ver el inicio del glaciar: Konkordiaplatz, una zona en la base de las imponentes paredes de la Jungfrau donde confluyen tres grandes corrientes de nieve compactada (llamadas firn): el Grosser Aletschfirn, el Jungfraufirn y el Ewigschneefeld.
Antes de descender a la lengua helada, la contemplamos desde arriba. La panorámica es magnífica: por encima de la lengua de hielo se levantan algunas de las cumbres míticas de los Alpes: además de la Jungfrau, las cimas vecinas del Eiger y el Mönch, y hasta el Mont Blanc más a lo lejos. Una se siente insignificante, incluso abrumada por su inmensidad y belleza. La visión sobrecoge, sobre todo porque no sabemos si lo volveremos a contemplar con sus dimensiones actuales: cada año el hielo retrocede de manera significativa debido al calentamiento global. “Los expertos dicen que a finales de siglo a lo mejor el Aletsch no existirá”, recuerdo el vaticinio de Jasmine y se me hace un nudo en el estómago.

La visión del Gran Glaciar del Aletsch desde arriba sobrecoge, sobre todo porque no sabemos si lo volveremos a contemplar con sus dimensiones actuales: cada año el hielo retrocede de manera significativa debido al calentamiento global.

Desde el Eggishorn sale un sendero que desciende a la lengua de hielo por la parte de atrás. Es una de las numerosas rutas señalizadas que se pueden recorrer en el Aletsch Arena, que suman más de 300 kilómetros de senderos. Un primer tramo de descenso en zig-zag nos lleva a un cruce donde tenemos que seguir dirección a Gletscherstube, Tälligrat y Märjelen. A partir de ahí, la ruta sigue por un camino empedrado hasta Tälligrat y el pequeño lago Tällisee, donde se disfruta de una nueva perspectiva del glaciar, y continúa
descendiendo hasta el Gletscherstube, un coqueto refugio de montaña al lado del lago Märjelensee, donde el guía nos reparte los crampones que vamos a necesitar para transitar por el hielo y nos muestra unas fotos en sepia tomadas hace un siglo en el mismo sitio donde nos encontramos, en las inmediaciones del lago Märjelensee. El juego “encuentre las diferencias” es revelador: el actual prado estaba cubierto por inmensos bloques de hielo, y es que el Märjelensee fue durante siglos un lago glaciar mucho mayor, represado por el propio hielo del Aletsch. A medida que el glaciar ha ido retrocediendo, el lago ha perdido gran parte de su superficie. Otro mazazo para el estómago.

Recurso foto en Blanco y negro glaciar
 El juego “encuentre las diferencias” es revelador: el actual prado estaba cubierto por inmensos bloques de hielo, y es que el Märjelensee fue durante siglos un lago glaciar mucho mayor, represado por el propio hielo del Aletsch.

 

Continuamos descendiendo, ya vemos el glaciar más cerca y somos más conscientes de su desmesurado tamaño. El paseo no es muy complicado técnicamente, pero hay que ir con un guía de montaña y encordados para transitar entre las grietas. Un primer 
paso amplio para salvar el metro de desnivel hasta el borde y ya estamos caminando sobre el hielo de intenso azul. Avanzamos despacio y en completo silencio, solo se escucha el crujido del acero de la punta de los crampones clavándose en la superficie congelada: "crack-crackcrack-crack"... Intento imaginarme cómo sería el Aletsch hace milenios.

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Chema Martínez salvando una de las grietas del Aletsch

Durante la última glaciación, hace unos 18.000 años, la nieve cubría completamente las laderas entre el Bettmerhorn y el Riederhorn, solo las cumbres más altas sobresalían por encima del hielo. La máxima longitud del glaciar se alcanzó en 1860, por aquél entonces era unos 3 km más largo que en la actualidad, y el borde se situaba unos 200 m más arriba. En un marcador de nivel clavado en el hielo se puede comprobar cómo el espesor va disminuyendo cada día, centímetro a centímetro, metro a metro, especialmente tras las olas de calor que han afectado a toda Europa y de las que los Alpes no se han librado. Antes de volver a tierra firme miro de nuevo a mi alrededor, intentando memorizar el paisaje, por si ya no lo vuelvo a ver. Regresamos a Fiescheralp no sin antes darnos un baño en las frías y cristalinas aguas del Märjelensee.

Recurso Caminando por el glaciar
Caminando encordados por el impresionante mar de hielo 


Villa Cassel y los secretos del Aletsch

El segundo día es más relajado, hay que mantenerse activo pero no pasarse, sobre todo porque los corredores del grupo tienen que afrontar al día siguiente 21 km y 1.148 m de desnivel positivo. Hoy vamos al pueblo de Bettmeralp, salida de la media, para coger los dorsales y reconocer un poco el terreno por el que correremos mañana. Aquí se encuentra otra parada del Grand Tour of Switzerland: la capilla María de las Nieves. La estampa es preciosa, la iglesia se levanta solitaria en una colina con una cadena sucesiva de montañas de fondo. Subimos al lago Bettmersee, por donde pasa la carrera antes de afrontar la subida al borde del glaciar por Riederalp. En el lago se puede hacer paddle surf o simplemente relajarse con las increíbles vistas. Continuamos subiendo hacia Chüestall, una antigua granja reconvertida en restaurante donde se pueden probar algunos de los platos tradicionales de la región, como el Cholera: una empanada o pastel salado elaborado con patatas, cebolla, puerro, queso y manzana. Su nombre tiene su origen en una epidemia de cólera que se extendió durante el s.XIX por Europa; la población debía permanecer en casa para evitar contagios y como había que usar alimentos que podían conservarse durante mucho tiempo, se convirtió en una receta muy práctica.

Recurso Capilla Santa Maria de las Nieves en Bettmeralp
La coqueta Capilla Santa Maria de las Nieves, en Bettmeralp, desde donde sale la media maratón

 

Para bajar la contundente Cholera, después de comer afrontamos una de las rutas más bonitas y populares de la región. Subimos al mirador del Moosfluh, que aunque es el más bajo de los cuatro, ofrece a cambio una de las panorámicas más cercanas e impresionantes del glaciar. Aquí se ha instalado un enorme photocall con forma de la bandera suiza. Tras las fotos de rigor con el Aletsch de fondo ("¡mirad, ahí abajo estuvimos ayer!") nos disponemos a recorrer el sendero desde Moosfluh hasta Riederfurka por el borde superior del glaciar, en sentido contrario al trazado de la media, que en Moosflush tiene su km.18. Durante gran parte del recorrido el glaciar nos acompaña a la derecha, mientras que la reconocible silueta del Matterhorn (Cervino), si no hay nubes que tapen la cima, se divisa en el horizonte. 

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El mirador del Moosfluh ofrece una de las panorámicas más cercanas e impresionantes del glaciar

 

El sendero atraviesa además un tramo del bosque del Aletsch, uno de los más antiguos de Suiza, donde crecen alerces y pinos cembros milenarios. Un alto en el camino para sentarnos "en el banco con mejores vistas de Suiza", el famoso Aletschbänkli, elegido en 2023 en una votación popular organizada por un medio de comunicación suizo. En el sendero hay diversos paneles explicativos de la naturaleza que nos rodea. Así, embelesados con el paisaje, llegamos a Villa Cassel, una mansión victoriana que se levanta anacrónica en el corazón del bosque. La casa tiene una curiosa historia: fue mandada construir por Sir Ernest Cassel, uno de los financieros más poderosos de la Europa de principios del siglo XX, asesor del rey Eduardo VII. Sir Cassel sufría problemas de estrés y digestivos (el "burnout" actual, vamos) y su médico le recomendó que para recuperarse pasara temporadas en la montaña.


En 1895 se alojó por primera vez en el modesto hotel de Riederfurka. El paisaje le fascinó, pero el alojamiento no tanto. Mandó un telegrama a su médico en el que decía: Hotel impossible, suggest something else (Este hotel es imposible. Sugiera otra cosa). Como no encontró un alojamiento a su gusto, decidió construir su propia residencia de verano: una villa de 25 habitaciones a más de 2.000 m de altitud, en una zona a la que entonces solo se llegaba a pie o en mula. La construcción se completó en apenas dos veranos y pronto la villa se convirtió en un exclusivo lugar de reunión de la alta sociedad británica. El mismísimo Winston Churchill se alojó allí antes de comenzar la Primera Guerra Mundial. Al parecer, no podía dormir por el sonido de los cencerros de las vacas, así que Cassel pagó a los ganaderos para que amortiguaran el sonido rellenándolos con paja durante la noche. Después fue hotel y ya en 1976 se reconvirtió en el primer centro alpino de educación ambiental y conservación de la naturaleza de Suiza, el Pro Natura Centre Aletsch, que alberga una exposición dedicada al Aletsch, al cambio climático y a la conservación de los ecosistemas alpinos. En la visita podemos descubrir cómo el glaciar ha modelado el paisaje a su alrededor y comprender mejor los efectos actuales y futuros del cambio climático en él.

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Los 21 km y 1.800 m de desnivel positivo del Aletsch Halb Marathon, una prueba muy popular en Suiza, en la que participan hasta 2.700 personas

 

Una media maratón de mucha altura

El domingo 28 de junio llega la gran cita para los corredores del grupo: afrontar los 21 km y 1.800 m de desnivel positivo del Aletsch Halb Marathon, una prueba muy popular en Suiza, en la que participan hasta 2.700 personas. La dureza del trazado se ve más que recompensada por las vistas que se tienen durante el mismo. Con salida junto al telecabina de Bettmeralp (1.950 m), los corredores salen en dirección a Fischeralp para girar de nuevo hacia el lago Bettmersee y ascender desde allí paulatinamente hacia Riederalp y posteriormente a Riederfurka. El recorrido pasa por Villa Cassel, rodea la montaña Riederhorn en un tramo con magníficas vistas sobre el valle del Ródano y las cumbres de más de 4.000 metros, y regresa a Riederfurka donde ya se coge el sendero que bordea
la espectacular cresta que une Hohfluh y Moosfluh en dirección a Bettmerhorn.

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Chema en elúltimo y exigente tramo de la Aletsch Halb Marathon 

Es, probablemente, el tramo más icónico de la prueba: durante varios kilómetros, el Gran Glaciar Aletsch acompaña a los corredores prácticamente de principio a fin. Los últimos dos kilómetros hasta la meta es un largo y exigente ascenso por la arista de Bettmerhorn, un final duro y espectacular que se hace un poco más leve por el aliento del numeroso público que sube en el telecabina (o andando) a animar. Por cierto, no se pueden llevar bastones por la cantidad de gente que participa, así que hay que entrenar para subir "sin ayuda" ese último tramo. Si hace buen tiempo, corredores y groopies pueden comer y descansar en la cima del Bettmehorn antes de coger el telecabina de regreso.

Una de las carreras de montaña más bellas de Europa -y aún diría más- del mundo, la guinda de esta increíble experiencia a los pies del Glaciar del Aletsch. Un viaje que hay que hacer, al menos, una vez en la vida.

Más información:
Aletsch Arena 
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SportTravel Viajes 

 
Chema Martinez correrá la media maratón del Aletsch

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