Con la mirada ya en el desierto

Estoy a un mes de mi primera aventura en el desierto y me siento eufórica por ello
Anna Comet
Con la mirada ya en el desierto
Con la mirada ya en el desierto

La semana pasada volví a los entrenamientos. Mi cuerpo ya había reposado lo suficiente y he retomado a la rutina que tanto me gusta. Aunque cuesta una poco volverla a coger, volver a apretarse y a sentir de nuevo el cansancio y ese dolor de piernas, cuando lo consigo siempre es agradable.

Este domingo, en mitad de una serie, me entró una voluntad imperiosa de viajar a Marruecos –el subconsciente tiene una fuerza enorme sobre nosotros y ni nos damos cuenta- . He estado únicamente una vez y fue fugaz. Tuve la suerte de viajar a Chefchaouen, el pueblo azul del Atlas, en 2017 con la primera edición de Eurafrica Trail. Es un pueblo precioso, con un encanto muy especial y rodeado de montañas con un terreno bastante técnico.

Salimos una mañana en ferri, tras haber competido el día antes en el Parque de los Alcornocales, después unas horas de autobús para llegar allí a mediodía, pasear por esas calles tan especiales, competir a la mañana siguiente y vuelta a casa. Como digo, fue fugaz.

El desierto va a ser otra historia tan distinta.... Me cosquillea el estómago solo de pensarlo.

Pero, realmente, lo que me apetece es conocer la arena del Marruecos. Al final, las montañas son montañas y sean las del Atlas, los Pirineos o los Alpes, con toda su magnitud de matices, son montañas.

El desierto va a ser otra historia tan distinta.... Me cosquillea el estómago solo de pensarlo.

El otro día, en una entrevista me preguntaban a qué se debía que estuviera haciendo cosas tan diferentes. Del desierto, con etapas llanas, de arena y caminos polvorientos, con calor intenso en la Desert Run que competiré a medianos de octubre, a la alta montaña y desniveles muy pronunciados y frío en Everest Trail Race que me llega en noviembre.

Mi respuesta fue clara y sencilla. Soy persona de alta montaña, es donde me muevo mejor y es el terreno que conozco bien, pero llevo muchos años con este deporte y me apetece probar cosas nuevas. Tener nuevos retos con incertidumbres, buscar otras formas de entrenar para terrenos diferentes. No saber a ciencia cierta si me adaptaré a ello o cuánto podrá costarme esa adaptación. Me están brindando esta oportunidad y para nada en el mundo lo dejaría escapar.

Así que ahora mismo estoy a un mes de mi primera aventura en el desierto y me siento eufórica por ello.

Las carreras de montaña para mi es una profesión como cualquier otra y la comparto con la de periodista. Me gusta entender mi trabajo como un enriquecimiento personal ya sea con unas zapatillas en los pies o con un bolígrafo en la mano –porque soy un poco de la vieja escuela y, antes de picar teclas en el ordenador, me gusta siempre tomar mis notas en una hoja en blanco. Es la parte romántica del escritor- y ¿qué mejor que probar cosas nuevas?

Así que ahora mismo estoy a un mes de mi primera aventura en el desierto y me siento eufórica por ello.

Entrenando el domingo me imaginé entre dunas, con un horizonte inmensamente vasto por delante de mi. Se coloreó mi espejismo de naranja e vislumbré un oasis con agua cristalina y cocoteros a su alrededor. A lo mejor, también había algún camello... Soy persona de tocar con los pies en el suelo, pero ¿por qué no dejarse llevar por aquella inocencia infantil y viajar, de vez en cuando, a los cuentos de cuando éramos niños?

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