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Niebla en montaña, qué conviene saber y precauciones

Falta de visibilidad en zonas peligrosas, desorientación, incluso perderse son algunos de sus peligros

Tino Núñez

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La niebla es uno de los peligros más conocidos de la montaña desde tiempos inmemoriales pero no solemos prestarle mucha atención… ¡hasta que nos extraviamos! Te ayudamos a saber más sobre este fenómeno meteorológico y qué conlleva.

¿Qué es la niebla?

La mayoría de los ciudadanos saben que la niebla es básicamente una nube muy baja, casi a ras de suelo, que a veces nos empapa o ni nos deja ver qué tenemos delante. La Organización Meteorológica Mundial la considera una suspensión en el aire de gotas microscópicas en el aire y que limita la visibilidad horizontal a menos de 1 kilómetro. En ocasiones la confundimos con la neblina (visibilidad situada entre 1 y 10 kilómetros), cuya tonalidad es más grisáceo-azulada, comparada con la niebla (más blanquecina). Su espesor puede variar desde unos pocos metros a centenares y su cubrición de apenas un kilómetro cuadrado a superficies enormes.

En España la aparición de nieblas es muy variable según el territorio y el año, pero habitualmente fluctúa entre 15 y 100 días al año. Oviedo es la ciudad con más jornadas con niebla y en cuanto a macizos es en los Picos de Europa donde se registra con mayor abundancia este fenómeno, debido a la mezcla de su clima continental y marítimo. Finales de 2020 ha sido particularmente prolijo en muchos espacios naturales, registrándose enclaves con casi 30 jornadas continuadas sin visibilidad, lo que ha provocado la “desesperación” de algunos montañeros que se han atrevido a pisar cimas en malas condiciones en los días menos indicados (cuando se han registrado sensaciones térmicas de hasta -25ºC a sólo 2.500 metros).

Las nubes estratiformes que componen la niebla pueden permanecer estancadas puntualmente, como bancos de niebla en valles de montaña. A menudo la niebla se procede de la evaporación la humedad del suelo, aunque también del vapor de agua originado por lagos, ríos o arroyos, pantanos y el mar. Hay nueve tipos de niebla: de tierra, de radiación, de advección, de precipitación, de vapor, de ladera, de hielo, de pendiente ascendente y de valle. La niebla de valle es en realidad una niebla de radiación que aparece “encajada” a menudo durante el invierno en esas depresiones por la inversión de la temperatura: el aire frío se “confina” en el valle mientras el aire caliente asciende por su menor peso, afortunadamente en las cimas estará despejado.

 

Lo malo de la niebla

Entre los inconvenientes destacan:

  • Desorientarse. El más común cuando la niebla está muy cerrada y no abre en todo el día. La pérdida de puntos de referencia es mucho más fácil en invierno, pues la nieve puede haber cubierto caminos e hitos, e incluso conseguir que lo veas semideslumbrado y todo blanco –se confunde prácticamente el suelo y el cielo- en planicies y laderas poco empinadas, conocido entre los montañeros experimentados como efecto white-out.

 

  • Extravío completo. Aparece tras una desorientación continuada, quizá hemos elegido un desvío incorrecto o confiado en hitos de menor tamaño (a menudo colocados por inexpertos y más ahora que durante la pandemia sale más gente sin preparación a la montaña). La actividad se prolongará más horas de las previstas y podemos aparecer en un punto en el que no esté nuestro medio de transporte.

 

  • Falta de visibilidad ante zonas peligrosas. Basta con una breve desorientación para encontrarse ante un lugar que favorezca caídas inesperadas o mortales: pendientes de hierba mojada, cortados…

 

  • Suelo mucho más resbaladizo. La mayoría de los tipos de las niebla persistentes pueden empapar una plancha de roca que atravesemos (una llambría) u ocultar tramos repentinamente helados de un sendero.

 

  • Vestimenta empapada y frío. Basta apenas media hora de niebla húmeda para mojarse si sólo hemos confiado en llevar un cortavientos o chubasquero de primer precio, en vez de una buena chaqueta impermeable. Y la mayoría utilizamos pantalones bielásticos no impermeables, que una vez que se mojen, poco abrigarán…

 

  • Disfrute mermado. Si no puedes ver el paisaje durante la actividad o desde una cima, oyes quejarse a tus compañeros/as que quizá no querían salir ese día y lo hayan hecho porque insististe o simplemente te sientes intimidado por la niebla (activación de la sensación de peligro en el cerebro), disfrutarás menos.

 

  • Viaje menos seguro. Olvidamos que la conducción en carretera con niebla puede constituir la parte más peligrosa de una actividad en la naturaleza. Mucho atención a la velocidad y a los otros vehículos, especialmente con asfalto mojado o helado que pueden comprometer la eficacia de la frenada.
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¿Y lo bueno?

Con sensatez y positivismo podemos salir una jornada con niebla y disfrutar de una jornada diferente, con estas ventajas:

  • Hay menos gente en la montaña, toda una bendición si tu destino es popular y cercano a una gran ciudad.

 

  • Sorpresas con el paisaje. El aspecto neblinoso de la naturaleza es más virginal, misterioso o fantasmagórico, puede ayudar a sorprendernos incluso en sitios que conozcamos muy bien. Si la niebla abre temporalmente o en jirones, el paisaje puede volverse espectacular ¡aún más para quienes hagan fotografías!

 

  • Descubrimiento de otras zonas. Como por prudencia e incluso siendo muy experimentados, debemos rebajar nuestro nivel a objetivos más seguros, como un sendero fácil bien balizado o incluso una pista forestal que parta un bonito bosque, posiblemente conoceremos nuevos destinos a los que no acudiríamos en buenas condiciones meteorológicas.

 

Precauciones

La más importante es estar atento a las predicciones. La de montaña en la web de la Agencia Española de Meteorología cubre los nueve macizos más importantes: Picos de Europa, Pirineo Navarro, Pirineo Aragonés, Pirineo Catalán, Ibérica Riojana, Ibérica Aragonesa, Sierra de Guadarrama, Sierra de Gredos  Sierra Nevada. El enlace es: www.aemet.es/es/eltiempo/prediccion/montana

También las previsiones que aparecen en televisiones privadas y públicas tras sus informativos resultan útiles y el icono de niebla aparece identificado con dos líneas horizontales en paralelo, pero recuerda que su ubicación exacta y duración resulta más difícil de anticipar que la de la lluvia, la nieve o el viento. Utilizar Google Maps en tu teléfono móvil puede estar muy bien ¡mientras exista suficiente cobertura de datos y detalle en la cartografía! algo no siempre garantizado en montaña. Un buen curso previo de orientación podrá sacarte de más apuros de los que crees y la navegación por gps o con brújula+mapa servirte de enorme ayuda.

Todos los componentes del grupo deben ir juntos, sin prisas, con abrigo extra (la humedad de la niebla provoca que la sensación térmica sea de varios grados menos), con chaleco reflectante, silbato de emergencia (100 o más decibelios para que pueda localizarse a su propietario desde más de 1 kilómetro) y en lo posible llevar al menos a un miembro que conozca bien los puntos intermedios o de referencia de la ruta. “Trocear” el rumbo y avanzar de una posición reconocible a la siguiente es mucho mejor que improvisar o confiar en la suerte.

Por último: si decides pedir un rescate al 112, cancela la búsqueda si la niebla abre y puedes regresar por tus propios medios.

Las montañas importan. Fotografía Desafio Somiedo 2018 Mikel Helsing

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