Se llama obsesión… ¿Y QUÉ?

Se llama obsesión si vas en el coche y te quedas mirando un camino y te preguntas dónde llevará
Roberto Palomar. Ilustración César Llaguno -
Se llama obsesión… ¿Y QUÉ?
Se llama obsesión… ¿Y QUÉ? Roberto Palomar. Ilustración César Llaguno

Se llama obsesión si cuando ves las primeras imágenes que el robot ha mandado desde el asteroide lo primero que piensas es: "¿Qué tal se correrá por ahí?". Se llama obsesión si cuando vas a una gran superficie, te diriges directamente a la planta de deportes. Se llama obsesión si consultas permanentemente la aplicación del tiempo para ver qué tal hará el domingo para la tirada larga. Se llama obsesión si ya estás buscando en las marcas de trail la gama de 2015. Se llama obsesión si eres capaz de estar esperando un minuto bajo la lluvia a que el pulsómetro reciba la señal y el gps encuentre los satélites. Se llama obsesión si te has comprado las gomas o las trx para entrenar en el hotel cuando te mandan a un viaje de trabajo.

Se llama obsesión si vas en el coche y te quedas mirando un camino y te preguntas dónde llevará y lo que pagarías por detener el vehículo y trotarlo hasta el final. Se llama obsesión si te deprime el cambio de hora porque ya no vas a poder entrenar de día. Se llama obsesión si duermes con las medias de compresión puestas. Se llama obsesión si empiezas a medir las distancias en metros de desnivel. Se llama obsesión si ya has planificado lo que vas a correr la próxima temporada. Se llama obsesión si has empezado a insinuar que tu amigo invisible te regale algo relacionado con lo "nuestro". Por cierto, ¿hay unos guantes por ahí?… Se llama obsesión si el día 31 te has apuntado a una San Silvestre por la mañana y a otra por la tarde.

Se llama obsesión si tienes mallas cortas, mallas piratas y mallas largas. Se llama obsesión si tienes tu zapatilla preferida duplicada en la versión goretex y con más taco para el invierno. Se llama obsesión si la camiseta térmica es tu prenda favorita estos días. Se llama obsesión si no te das un capricho gastronómico en Nochebuena porque al día siguiente hay que entrenar.

Se llama obsesión si se te van los ojos detrás de un runner en la calle. Se llama obsesión si te apuntas al esquí de montaña sin haber esquiado nunca antes. Se llama obsesión si te pasas horas en Youtube viendo las carreras de 2014. Se llama obsesión si has bautizado a tu hijo con el nombre de Kilian o a tu hija con el nombre de Nuria. Hay más nombres, por Dios: Luis Alberto, Nerea…

Se llama obsesión si pides Salomon ahumado en un restaurante. Se dice salmón... ¡salmón!. Se llama obsesión si en la consulta del fisio te reciben como en tu bar de confianza: "¿Lo de siempre, don Roberto?". Se llama obsesión si llevas el plan de entrenamiento en el móvil y lo lees en el baño. Se llama obsesión si niegas el dolor, las sobrecargas, la contractura. Se llama obsesión si crees que Trail Run debería ser mensual. Bueno, quien dice mensual, dice semanal y quien dice semanal... Creo que me estoy liando. Sí, estamos obsesionados... ¿Y qué? Me voy a correr un rato.

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