Gerard Morales y Manu Vilaseca: un puzzle de dos piezas

La historia hollywoodiense de dos atletas con vidas paralelas
Daniel Sanabria. Fotos: Marta Bacardit. -
Gerard Morales y Manu Vilaseca: un puzzle de dos piezas
Gerard Morales y Manu Vilaseca: un puzzle de dos piezas

Gerard Morales y Manu Vilaseca podrían ser los protagonistas de una comedia americana. Chico conoce a chica. Al principio chica no hace ni caso a chico, pero en el último momento, antes de tomar un avión sin billete de vuelta, chica escribe a chico y se enamoran. A grandes rasgos fue así. Lo único que sabía el uno del otro es que salía a la montaña a correr. No se ponían ni cara. Ahora comparten casa, vida y hasta patrocinador.

CHAMONIX, EL ENCUENTRO

Calaf es un pueblecito de la provincia de Barcelona donde Jaume regenta una tienda de alquiler de bicicletas. Por allí para de cuando en cuando Gerard Morales, atleta del equipo BUFF. Cierto día su amigo le comenta que una prima de su mujer va a venir de Brasil a pasar unos meses a Europa. Le dice que es una chica que corre en montaña, mucho y bien. “Ya sabes, yo por cotillear busqué su perfil de Instagram y la vi. La chica era guapa, muy guapa, y le dejé caer a Jaume que cuando viniera a Barcelona me avisara para salir con ella a rodar una tarde”, cuenta sincero Gerard.

No coló. Pasaron dos meses y no recibió noticias. Era finales de agosto y Blacky competía en el Ultra Trail du Mont Blanc. Estaba en la plaza de Chamonix bromeando con unos y otros hasta que se giró y la vio. La reconoció por la equipación que llevaba, de la marca The North Face, por entonces espónsor de Manu. Y se convenció definitivamente cuando leyó su nombre en el dorsal. Le echó cara. “Hola, soy amigo de Jaume, el marido de tu prima de Calaf, le dije, pero claro, quedaban dos minutos para salir y ella estaba concentrada y no reaccionó. Qué mal rollo, pensé, no me ha dado ni bola. Así que me giré y corrimos”, recuerda Gerard como si hubiese sucedido ayer mismo. La escena fue cómica. Y a Manu le entra la risa cuando habla de ella. Cuenta su propia versión: “Yo pensé que era un chico muy guapo, pero con el revuelo de atletas no sabía si exactamente estaba hablando conmigo”.

No se volvieron a ver por Chamonix.

Una semana después Manu Vilaseca le contaba la anécdota a su prima, que un chico vestido de BUFF de arriba a abajo le había saludado en el UTMB. “Me dijo que seguramente sería Gerard y entonces lo busqué en Facebook. Vi que tenía fotos con una mujer y unos niños, y pensé que estaba casado. ¡No sabía que era su hermana! Mi prima me dijo que Gerard no tenía pareja, así que le envié un mensaje para felicitarlo por su buen resultado”, relata la brasileña.

Tras recibir ese mensaje Gerard recuperó el optimismo y se lanzó otra vez a por ella: “Le dije que si quedábamos a correr un día, pero tenía un evento con su marca en Francia y tampoco pudo ser. Se me acababa el tiempo, ella se volvía el jueves a Brasil y no había manera, así que le eché más morro que nunca y le dije que iba al aeropuerto a buscarla. Yo no hago cosas de estas por nadie pero pensé, Blacky, le quedan cuatro días y la chica te gusta. Inténtalo. Me dijo que no hacía falta que fuera a por ella, pero yo insistí: no tengo nada que hacer, me viene bien… Mentira. A mi me cuesta mucho bajar a Barcelona, no me gusta nada, y menos ir al aeropuerto. Al final fui a buscarla y mientras la llevé a Manresa hablamos y decidimos quedar a correr y cenar”.

CATALUÑA – RÍO – CATALUÑA

Gerard Morales y Manu Vilaseca: un puzzle de dos piezas

El ciclismo es una pasión compartida

A partir de ahí se desencadenó la locura. Fueron cuatro días intensos, de verse a todas horas y hacerse mil preguntas. Ambos se dieron cuenta de que encajaban como un puzzle de dos piezas. Habrían superado cualquier test de compatibilidad. Dice Manu que sucedió todo muy deprisa:* “Le preguntaba, ¿a ti te gusta esto? Sí. Pues a mi también. ¿Tú harías esto? Sí. Pues yo también. Y así fue. Los dos somos muy directos y lo vimos claro. Eramos muy parecidos. Bueno, en realidad yo no pensaba lo que estaba haciendo…, si lo hubiera pensado no me habría venido… jajajaja”*.

Aquello fue un órdago. Un doble o nada. Se la jugaron. Gerard le ofreció vivir con él y ella dijo que sí. “No sé quién está más loco, si él por invitarme a su casa o yo por aceptar”, continua relatando Manu entre carcajadas.

Pero ella le puso una condición: tienes que venir a Brasil conmigo a conocer a mis padres, le dijo. Y Blacky no se lo pensó. Hizo las maletas y se fue con ella. “Sus padres alucinaban, claro. Su hija se quedaba a vivir en Cataluña con un chaval que no sabían ni quien era. Cuando estuvimos en Río de Janeiro coincidía que era la boda de su hermano y ya tuve que ir con Manu. Imagínate la situación, yo me quería morir, con lo vergonzoso que soy… Pero fue muy bien, era gente muy maja y me aceptaron desde el principio”, nos cuenta Gerard.

El 30 de diciembre de 2015, tras una episodio confuso en la salida del UTMB, cuatro días de corredurías por los montes de Barcelona y un viaje a Brasil con boda familiar de por medio, Manu Vilaseca se marcha a vivir con Blacky. Una nueva etapa comenzaba en la vida de ambos. Compartir casa con alguien que apenas conoces y en los albores de una relación sentimental sin definir no es fácil. Ni para el uno ni para el otro. “Le dije que se trajera todo lo que quisiera y que podía poner cosas personales en la casa. Claro, yo la tengo decorada a mi estilo, imagínate, un drama. Tenía 40 años y soy muy rutinario e independiente. Al principio sentía como que me habían invadido mi espacio, tenía que cerrar la puerta del servicio para ducharme, no podía pasearme en calzoncillos porque me daba vergüenza… Tuve que adaptarme a cosas que no estaba acostumbrado. Para ella tampoco fue fácil, no conocía a nadie aquí, estaba sin amigos, sin trabajo, sin su familia. Demasiadas horas libres al día para pensar”, relata Gerard. Y la brasileña lo confirma: “Mi primer año fue muy difícil, es un choque cultural, en una casa ajena, no entendía el catalán, y aunque él me decía que también era mi casa, yo no me sentía así. Tardé un año en asimilarlo. Ahora estamos muy acostumbrados el uno al otro”, puntualiza.

VIDAS PARALELAS

Gerard Morales y Manu Vilaseca: un puzzle de dos piezas

Gerard Morales y Manu Vilaseca viven un momento dulce

Gerard y Manu viven una etapa dulce. Los dos son deportistas de alto nivel y por eso en casa no hace falta explicar que el sábado quieres levantarte a las siete de la mañana para ir a correr 40 kilómetros. Eso facilita las cosas. A veces entrenan juntos, otras por separado. Y todo va rodado. “Manu es muy sencilla y hace que todo sea fácil, simplifica las cosas, aunque deportivamente tenemos gustos diferentes. A ella le encanta hacer enduro con la bici, yo no porque me mataría… Ella hace snow y yo no sé ni esquiar. ¡Pero le he enseñado a buscar setas, jajajaja! Al principio no entendía que me fuera de paseo al campo a por bolets, y ahora en época de setas viene siempre conmigo”, explica orgulloso Gerard.

Él trabaja dando clases de tenis, ella de inglés. Los dos son profesores. Ambos entrenan muy duro cada día para mantener su nivel competitivo. Y llegan a casa vacíos. “Esto también es muy importante porque a diario la batería se nos va agotando al mismo ritmo. Y los dos queremos descansar. Eso sí, ella se pone en el ordenador a mirar Netflix y yo veo mis chorradas en la tele, que si la gente supiera…”, confiesa Gerard entre risas.

Y así fue como chico y chica se conocieron, vivieron felices y comieron perdices (con bolets).

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