En defensa y reivindicación del cross

Uno pertenece a esa generación en la que, los domingos por la mañana, Televisión Española despachaba a la audiencia con un cross
Roberto Palomar. Ilustración César Llaguno -
En defensa y reivindicación del cross
En defensa y reivindicación del cross por Roberto Palomar. Ilustración César Llaguno.

Uno pertenece a esa generación en la que, los domingos por la mañana, Televisión Española despachaba a la audiencia con un cross. Era irreprimible dirigir la mirada hacia aquellos colosos envueltos en barro, hombres y mujeres, y memorizar los nombres de las carreras y, por supuesto, de los atletas. El cross de Lasarte, el Cinco Naciones, Carmen Valero, Mariano Haro y ya, mucho más reciente, los Fiz, Roncero y compañía, en una suerte de etapa dorada.

Parece demostrado que, en la élite, el cross es uno de los escenarios ideales para completar la pretemporada y trasladar luego a la pista y a la ruta los beneficios de su dureza. Gran parte del éxito de nuestros maratonianos se explicó gracias a su dedicación al cross, a curtirse en esas carreras en las que no hay dos pasos iguales y hay que mantener altos ritmos adaptando la zancada a lo que sea. Nada más primitivo que el cross.

Por eso llama la atención, volviendo al estrato del atletismo popular, al mundillo de los que corremos por placer, que el cross no haya tenido el tirón de las carreras de asfalto o de trail. Que llegue un cross y no se acaben los dorsales, como sucede en archiconocidas pruebas urbanas. Que los populares no nos tiremos al barro siendo el cross lo más cercano y lo que tenemos más a mano con respecto al trail, una especie de pariente cercano. Algo le ha faltado al cross para no alcanzar ese crecimiento a nivel "usuario". Con un circuito cerrado y balizado, se podría abrir una carrera para los populares antes o después de la élite. O correr con ellos, aunque en una prueba masiva, el problema de los doblados podría dificultar la carrera... o no. O ser un atractivo más.

Han desaparecido carreras míticas y algunas están en dificultades de organización y, tal vez, en el mundillo de los corredores aficionados, podrían tener una oportunidad de crecimiento o de reinvención. Pero algo ha fallado también en los populares que no hemos sabido encontrar el atractivo a una disciplina que, pensándolo bien, es más sufrida, más divertida, más natural y con enormes beneficios para quienes buscan una mejora. Y, desde luego, más cercana a los que nos gusta el trail. Por alguna razón, en estos meses de invierno en los que la montaña se pone difícil para correr, preferimos un 10k en asfalto, en medio de la ciudad, que 8 o 12 kilómetros a cara de perro en una campa.

Y no podemos echar la culpa a la dureza del cross porque los populares pueden con eso y con mucho más, como ya se ha demostrado en pruebas que bordean lo irracional. Tal vez ha llegado la hora de, a las mallas de compresión, a las zapatillas taqueadas, a las que llevan goretex, a los calcetines altos, bastones, mochila de hidratación, camiseta térmica, cinturón de carga, portadorsales y demás indumentaria añadamos también unas zapatillas de clavos y lanzarnos al barro. El atletismo está en un momento en el que va a hacer falta un poco de creatividad para mantener viva la llama. Redescubrir el cross, acercarlo a la cantera y a los no canteranos, como veteranos y populares, podría ser una oportunidad. Cruzar la meta de una de estas carreras, con barro hasta las cejas, tiene que ser una sensación muy especial.

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