El speaker y el novato: historia de un debut

El viento y la morfología del valle hacían que la voz del speaker no abandonara a los corredores
Roberto Palomar. Ilustración César Llaguno -
El speaker y el novato: historia de un debut
El speaker y el novato: historia de un debut. Roberto Palomar. Ilustración César Llaguno

Este número va de principiantes (1). Esta es mi historia. En el año 2008 la firma Gore Tex buscaba voluntarios entre los periodistas españoles. Se trataba de dar a conocer la Transalpine Run, una carrera de trail por etapas que cumplía por entonces su tercera edición. Una prueba que empezaba a consolidarse en Europa pero que apenas era conocida en España. Nos ofrecían seguir una etapa. Había dos modalidades: desde la furgoneta o sobre el terreno. El periodista de MARCA eligió la especialidad "sobre el terreno". En qué hora. El briefing de la noche anterior fue como una patada en los dientes para el reportero: la etapa de los periodistas -llegaban compañeros de varios medios de Europa- tenía 38 kilómetros y dos mil y pico metros de desnivel. No recuerdo el "pico" pero era mucho. En la Transalpine Run, por razones de seguridad, no te dejan correr solo.

Hay que hacerlo en parejas. Si te quedas solo durante la prueba te tienen que "adoptar". Eso hicieron conmigo y con varios colegas. Nos dieron en adopción. Mis "padres" eran una joven pareja alemana con una curiosísima historia. Se habían conocido en la anterior edición, se habían casado y estaban allí... de luna de miel. Antes de la salida me preguntaron si era más rápido subiendo o bajando. Cuando les dije que no lo sabía, se quedaron perplejos. A los cuatro o cinco kilómetros, cuando dejamos el asfalto, les dije que no se preocuparan, que se marcharan, que ya me buscaría yo la vida.

Ni se lo pensaron. Eso es lo que duró la adopción. Así que me dispuse a disfrutar mi debut en el Trail a mi ritmo, sin agobios ni compromisos. Solo llegar. Tenía por delante dos subidas y, por lo que entendí en el briefing, una larga bajada. Debí haber prestado más atención. Pero eso lo sé ahora.

Saboreé la primera ascensión, una fácil bajada por pista hasta el valle, sufrí en la segunda subida pero lo compensaron las vistas desde arriba y, sobre todo, un sonido que a la larga sería una tortura. Escuchaba perfectamente a Oriol Sallent, el speaker español de la Transalpine Run que iba dando la bienvenida a los llegados y animaba la meta con sus comentarios. Le oía nítidamente.

Estaba ahí mismo. La meta no podía estar muy lejos. Bajar y listo. Entonces no llevábamos GPS y la distancia y el desnivel se calculaban a ojo. Empecé a crestear con la voz de Oriol zumbándome en la cabeza. ¿Qué podía tardar? ¿Veinte, treinta minutos? Aquello se me había dado de maravilla. Yo cresteaba, Oriol hablaba pero la bajada no llegaba. En un mirador me asomé y allá, al fondo, en el valle, estaba el pueblo. Más lejos de lo que yo pensaba pero tampoco mucho. Veía hasta la ropa tendida. Dos o tres kilómetros en línea recta. Y, qué diablos, a Oriol le oía aquí mismo, estaba ahí al lado.

Mis veinte minutos se alargaron a una hora. Empecé a bajar. Primero, una torrentera seca. Imposible correr. Casi imposible caminar. Kilómetros y kilómetros de pedregal. Luego, apareció un cartel naranja: "Dangerous section". Subimos a un nevero por una especie de vía ferrata. El pueblo estaba ahí. Ahí mismo. Y Oriol, venga a hablar y a dar bienvenidas. Y yo, de una trocha a otra, esperando encontrar aquella pista que con seguridad me llevaría a la puñetera meta. Cayó otra hora y otra más. El viento y la morfología del valle hacían que la voz del speaker no abandonara a los corredores, los últimos ya, que todavía transitábamos por la montaña.

Aquello era una suplicio. Llevaba tres horas oyendo a Oriol y la meta no llegaba. Oía sus bromas, sus chascarrillos, sus enhorabuenas, sus recursos de speaker baqueteado en muchas batallas. En ingles, en español, en alemán. Pero la meta no aparecía. Al cabo de un rato, el sendero se ensanchó, se dibujó un camino, luego una pista y luego el asfalto. Y una señora que recogía hierba seca y que decía que faltaban cuatro kilómetros. Ahora sí. Oriol estaba a cuatro kilómetros. Y apareció la pancarta. Y apareció Oriol. Y me llamó por mi nombre cuando leyó mi dorsal y me hizo una entrevista. Y le conté mi historia: “Oriol, hace tres horas que te oigo. Ya tengo título para mi artículo de Marca: La Transalpine y la madre que la parió”.

Moraleja para los principiantes: nunca te fíes del speaker. Menos si se llama Oriol. Menos aún si se llama Depa. No hasta que lean tu dorsal y puedas tocarlos. Entonces, sí. Entonces, habrás cruzado la meta.

81) Artículo extraído del número Trail Run 35

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