Este sábado comenzó en el Parque Nacional de Frozen Head, Tennessee, una nueva edición de la Barkley Marathon.
Las condiciones de por sí de la Barkley son muy duras, pero con el añadido de adelantarla en el calendario, esa dureza se vio incrementada con más frío, lluvia, barro, niebla y con menos horas de luz. Lo que desembocó en una edición sin finalistas.
A las 6 de la mañana, Lazarus encendió a oscuras el cigarrillo con el que comienza Barkley Marathons para los 40 des-afortunados (10 des-afortunadas) llegados de 15 países.
Pronto la lluvia y la niebla fueron las principales protagonistas, tanto que tan solo 12 corredores fueron capaces de comenzar el segundo bucle, y solo Sébastien Raichon, Mathieu Blanchard, Max King y Damian Hall lograron terminarlo, siendo King el último de los corredores en terminarlo.
Los cuatro comenzaron el tercer bucle (Max King lo hizo con un poco de retraso); con el paso de las horas y la creciente densidad de la niebla, la posibilidad de completar el bucle en menos de las 36 horas necesarias para comenzar el cuarto se iba esfumando y tan solo Sébastien Raichon lograba rematar, consiguiendo realizar el bucle en menos de 40 horas (38:05:46), lo que supone que podría irse a casa con el consuelo de hacer un Fun Run.
El nacimiento de Barkley Marathon
A lo largo de su historia, se han escrito multitud de historias sobre la Barkley Marathon, y así seguirá siendo. Es una de las pruebas más complejas del planeta, convertida en obsesión y fetiche para muchos corredores. Se celebra anualmente en Tennessee y a lo largo de su historia (se creó en 1986) apenas un puñado de corredores ha logrado completarla. Los intentos superan el millar. El desafío es dar cinco vueltas a un bucle de 20 millas pasando por lugares estratégicos y valiéndose únicamente de un mapa y dos puntos de avituallamiento. Sin balizas, sin caminos marcados, sin voluntarios, sin nada. Cada corredor sigue su propio itinerario en un escenario salvaje formado por intransitables montañas abandonadas donde se esconden unos libros cuyas páginas deben ser arrancadas por los participantes para acreditar su paso en cada bucle.
El inventor de semejante juego siniestro es Gary Cantrell, al que todos conocen como Lazarus, un tipo gordinflón y barbudo que elige cuidadosamente cada año a los 40 participantes que pueden optar a completar la Barkley Marathon. Solo él sabe qué criterios sigue para elegir a los afortunados entre las miles de propuestas que recibe en cada edición. El tipo, siempre con un pitillo entre los labios, da un toque de corneta para anunciar la salida de la carrera, una escena que ya se ha convertido en un emblema para los aficionados al trail running americano.
Así es Barkley Marathon, una prueba auténtica, genuina, que roza lo épico, lo perverso, con tintes de humor negro y mucho misticismo. Y así seguirá siendo, con lo difícil que es mantener ese secretismo en la era digital. Porque todo el mundo quiere saber lo que acontece cada mes de marzo (este año en febrero) en Frozen Head State Park.






