Crónica: Pyrenees Stage Run

Los Pirineos, por etapas y parejas
Enric Arqués. -
Crónica: Pyrenees Stage Run
Crónica: Pyrenees Stage Run

La pasión mueve montañas. Eso dicen. Pero en este caso, si hablamos de la Pyrenees Stage Run y de sus apasionados organizadores, esta frase hecha cobra pleno sentido. A Jordi Vissi y Tomás Llorens se les puso entre ceja y ceja la idea de organizar una carrera por etapas y por parejas en los Pirineos y no han parado hasta conseguirlo. El objetivo no ha sido nada fácil, todo lo contrario. Pero su pasión por la montaña y por este deporte, junto con la colaboración de mucha gente, ha sido la llave que ha abierto la puerta de un sueño hecho realidad. Ya tienen en el bolsillo una primera edición, pero quieren más. Viendo como les ha ido su proyecto tiene futuro por delante.

Ribes de Freses (Girona) recibió a los corredores con una suave lluvia y el cielo encapotado. Un mal tiempo que para nada servía de presagio para los días posteriores. Un hotel de esta pequeña localidad catalana era el punto de encuentro de los 23 valientes que no querían perderse la primera edición de la Pyrenees Stage Run (PSR). Nervios. Ilusión. Expectación. Todas estas sensaciones se palpaban entre los corredores y la organización. Por delante tenían siete etapas para afrontar nada menos que 248 kilómetros con 15.000 metros de desnivel positivo, pasando por hasta cinco parques naturales. Entre las parejas había los vascos Mikel Leal y Txema Sánchez –con experiencia en la larga distancia–, un equipo de tres israelíes y una pareja checa dispuesta a dar guerra, y con una botella de licor de su país de regalo para la PSR. ¡Una buena manera de empezar!. El buen rollo ya se respiraba en el ambiente. En el brifing, Jordi y Tomàs no podían esconder su felicidad porque el gran día estaba a punto de empezar. “Estar hoy aquí es un sueño para nosotros”. Pues no hay nada más que decir, como decía aquél. Una buena cena, primeras risas entre parejas y a dormir para afrontar una gran aventura por los Pirineos. ¡Que empiece la función!.

Así empezó todo…

Tomàs Llorens y Jordi Vissi tenían una idea en la cabeza. No podían entender como nuestros Pirineos todavía no eran el escenario de una carrera por etapas y por parejas, a imagen y semejanza de la ya consolidada Gore-Tex Transalpine Run, con los Alpes como grandes protagonistas. Ni corto ni perezoso, Tomás participó en la edición del 2015 junto con un compañero de los Fondistes de Blanes, el club de su ciudad. El objetivo era vivir la experiencia desde dentro y comprobar como la organización borda la excelencia en una prueba que cuenta con más de 300 equipos. Quizá por eso volvió más convencido de organizar la PSR. Un reto que emprendió con Vissi, otro enamorado de las montañas. Tras terminar un Doctorado en Biotecnología, Llorens se cogió un año sabático para ponerse manos a la obra. No en vano la construcción que tenían por delante requería de muchas horas, llamadas, reuniones y pasión, mucha pasión. No es posible organizar una carrera de estas dimensiones sin contar con la complicidad de amigos, familiares y conocidos, así como el apoyo de patrocinadores. Al final, cerca de 60 voluntarios se conjuraron para hacer posible la PSR. Todos entregados a los corredores, siempre dispuestos a facilitar cualquier cosa que requerían. ¡Así da gusto!

Un recorrido espectacular

Increíble. Espectacular. Asombroso. Llega un momento en que los adjetivos se amontonan encima de la mesa después de cada etapa. Cruzar los Pirineos, siguiendo en su mayor parte las trazas del popular recorrido GR-11, es una experiencia que cualquier amante de este deporte querría hacer alguna vez en su vida. Siete etapas con una media de 30 kilómetros cada día requieren de una buena preparación, pero, sobre todo, de una buena gestión mental de la carrera. Un día te puedes sentir genial, con ganas de saltar y tocar el cielo, y el otro tener como acompañante al temido hombre del mazo. La primera etapa con salida en Ribes de Freser coronaba la cima del Balandrau, con sus 2.585 metros, para luego bajar hasta el Santuario de Núria por el conocido Camí dels Enginyers. Los primeros 34 kilómetros de la PSR sirvieron para ver el ritmo de cada pareja. Pere Aurell y Ragna Debats (Tuga Active Wear) ya marcaban distancia des del primer momento sin dar tregua y se ventilaron la etapa en 4 horas y 13 minutos. Una victoria que repitieron día tras día. Cada vez que una pareja cruzaba la meta en Queralbs lo hacía a ritmo de la canción que ellos mismos habían pedido. Un detalle más de la organización. El resto de etapas transcurrieron por bellos parajes, aunque los corredores destacaron la tercera y quinta etapa. El recorrido de la tercera etapa entre Puigcerdà (Girona) y Encamp (Andorra) era el más largo de todos, con sus casi 50 kilómetros y 2.500 metros de desnivel positivo. Hasta cuatro cimas de más de 2.000 metros, con el Port de Vallcivera y Portella d’Engorgs como picos destacados, ponían a prueba la fuerza y resistencia de los 23 participantes. Pero si un sitio robó el corazón de estos titanes de la montaña fue la etapa entre Arinsal y Tavascan (Lleida). Pídeme un día perfecto en la montaña y te indicaré en el mapa el Lago de Baborte. A 2.400 metros y con un entorno de ensueño te encuentras en la Vall Ferrera un lago que no te deja indiferente. Por eso, más de una pareja no dudó ni un segundo a tirarse de cabeza en el lago para combatir el calor. Una imagen de las que guardas en tu disco duro para siempre.

Una cita a ciegas

“Lo nuestro es como una cita a ciegas”. Así definía Sergi Fernández su encuentro con quien sería su pareja de baile durante siete días, Pol Puig. No se conocían de nada y se ponían a prueba en un escenario exigente. Y el resultado no pudo ser mejor. Su ejemplo es un caso aislado. El resto de parejas, también en el caso de los tres israelíes, no partían de cero. Pero correr juntos tantas horas no es tarea fácil. La gestión de los momentos duros es una de las claves de las ultra trails. Y en las carreras por etapas y por parejas todavía más. Cuando tú estás mal, tu compañero tiene que saber acompañarte, ya sea con palabras de ánimo o simplemente con mano izquierda. Es el caso de la única pareja formada por mujeres: Anna García y Laura Céspedes, de Girona. Quien escribe estas palabras pudo correr junto a ellas en dos etapas y comprobarlo en directo. Anna, con más experiencia y fondo que su compañera, supo en todo momento bailar al ritmo de la música que necesitaba Laura. Una chica que demostró un tesón admirable pese a los lógicos momentos de flaqueza que tuvo.

Otro ejemplo, muy diferente, pero igual de válido es el de los veteranos Toni Ortiz y Xavi Mimo, de Montcada y Cerdanyola (Barcelona) respectivamente, que fueron la sorpresa agradable de la PSR. Si el vino mejora con los años, los corredores maduran con la experiencia. Y Ortiz es un auténtico motor diesel. Lo atestiguan las dos Maratones de Sables que tiene a sus espaldas. Ver de cerca como gestionan una carrera por etapas es un lujo que este cronista gozó de lo lindo (¡aunque también lo sufrió!). Una lección de cómo afrontar la alimentación y la hidratación. Sincronizados como un reloj suizo bebían y comían cuando tocaba para evitar bajones. Ahora unas sales minerales. Ahora toca beber. Ahora un gel recuperador. Además, Xavi es como míster Spock de Star Trek, tal como lo define su compañero de aventuras. “Lo controla todo. Sabe cuánto queda para el siguiente avituallamiento, el desnivel acumulado y la distancia. Sumado a mi experiencia hacemos una buena pareja. ¡No sé si dejaré a mi mujer!”, bromeaba el bueno de Toni.

Pero no podemos olvidar a los vascos. Madre mía, ¡vaya par! Como en todo grupo de amigos siempre tiene que haber quienes animen el cotarro con sus bromas. Leal y Sánchez fueron los principales animadores de la PSR. Pero su buen humor no estaba reñido con las ganas de competir. Fueron de menos a más, y protagonizaron un bonito duelo con la pareja checa formada por Jan Bartas (top 10 del Ultra Trail World Tour) y Zuzana Urbancova. La batalla por la segunda plaza de la general deparó tres jornadas finales vibrantes. Estos vascos de Irún (Guipúzcoa) venían de correr la cien millas de la Ehunmilak y sacaron el hacha de guerra (¡amistosa!) para recortar el tiempo perdido en las primeras etapas. Al final los checos se llevaron el gato al agua. Eso sí, después de compartir momentos divertidos con los irundarras.

Todo en su sitio

“Me encanta que los planes salgan bien”. Esta era la frase que siempre decía el personaje Hannibal de la mítica serie 'Equipo A'. Sin duda esto pueden decir los organizadores de la Pyrenees Stage Run tras siete días y ocho noches. Aunque lo tengas todo pensado y planificado, en una carrera de este tipo lo más importante es la capacidad de reaccionar ante los imprevistos. Por suerte no hubo demasiados, pero Jordi y Tomàs y todo el equipo de voluntarios estuvieron a la altura del reto. Desde los trazadores, que siempre iban un día por delante para balizar el recorrido, pasando por los encargados de no dejar rastro de cintas y comprobar que la montaña quedara tal como la habían encontrado. Importante también la función de los responsables de los avituallamientos, que muchas veces tenían que cargar litros de agua hasta puntos donde solo las piernas podían llevarlos. Muy comentada fue la excelente organización del cambio diario de hotel, con el traslado de maletas de todos los corredores sin que hubiera ninguna incidencia destacada. Una labor compleja, que dirigió con agilidad Anna Miralpeix, al frente del operativo general. Al final se trata de actuar como si estuvieras en una orquestra. Cada uno sabe que tiene su instrumento y debe tocarlo en su momento y sin desafinar. Pueden estar tranquilos, porque la música sonó con ritmo y sin fallos.

Momentos emotivos

Llegar a Vielha. Este era el gran objetivo de todos los participantes. Completar los 250 kilómetros, casi nada, en siete días vividos con gran intensidad por todos. Sin pasarse de cursi, se puede afirmar que entre los 23 valientes protagonistas de la primera PSR se crearon unos vínculos de compañerismo y amistad que aún perduran. Debe ser el magnífico entorno. O el amor por la montaña y por este deporte que tantos momentos mágicos nos dejó en la retina. El espíritu del trail running tienes estas cosas. A la mayoría le gusta competir y quedar por delante. A más de uno nos pasa que nos ponemos un dorsal y nos sale la vena competitiva. Pero por encima de esto hay la solidaridad entre corredores. Durante toda la semana, se vivieron diversos ejemplos que certifican estas palabras. Las cenas distendidas para comentar las anécdotas de la jornada eran el termómetro perfecto para comprobar la química que se había generado. Un aliciente extra de motivación era poder contemplar todos juntos, después de comer, las espléndidas imágenes captadas por el ojo y la cámara de Jordi Santacana, el fotógrafo oficial. Y para rematar el subidón, un pase de los vídeos que cada día hacía David Ariño, un saltamontes, que con su dron y su visión para encontrar los mejores sitios sabía poner la piel de gallina a todos sin excepción.

También se creó un clima especial entre los que eligieron el pack aventura que ofrecía la organización, que consistía en dormir cada noche en un camping. Tres equipos fueron los que apostaron por prescindir de la comodidad del hotel.

Pero todo, o casi todo, tiene su final. La última etapa entre Espot (Lleida) y Vielha fue la guinda del pastel. Seguro que se les hizo muy larga, con sus 44 kilómetros, pero en la mente solo tenían cruzar el arco de meta. Sino que se lo pregunten a Miguel Jiménez del equipo Crapulosos. Por una lesión en los cuádriceps en una bajada hizo 30 kilómetros cojeando, ayudado por Toni Soto, su inseparable compañero de fatigas. La llegada es para vivirla. A la pata coja y con el resto de corredores, voluntarios y familiares les hicieron un pasillo con los palos mirando al cielo. Da lo mismo quienes llegan los primeros y los últimos en este caso. Un final a la altura de una carrera que ha empezado a andar y tiene un largo recorrido. Los Pirineos ya tienen su carrera por etapas y por parejas. ¡Larga vida a la PSR!

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