J. Barberillo: “Lo lógico es no completar ni una vuelta en la Barkley”

Charlamos con el primer español en vivir en sus carnes la siniestra carrera de Tennesse
Daniel Sanabria -
J. Barberillo: “Lo lógico es no completar ni una vuelta en la Barkley”
J. Barberillo: “Lo lógico es no completar ni una vuelta en la Barkley”

Sí, la Barkley Marathons es tan siniestra como la pintan. Nos lo confirma Josep Barberillo, recién llegado de Tennesse, el primer español de la historia en participar. Aquello es como un Escape Room para runners. Y multiplicado por 5, que son los bucles de 20 millas que configuran el perverso recorrido de la prueba. Resumiendo, 100 millas atrochando por montañas, sin marcas, sin GPS, sin voluntarios, sin asistencia. “Montañas que son todas iguales, con árboles altísimos que las hacen indiferenciables. Es todo lo mismo. No distingues una montaña de otra”, nos dice Josep, quien viajó con una semana de margen a Tennesse para conocer el tétrico escenario: Frozen Head State Park. “Solo puedes entrenar por los caminos, no está permitido salirte de las pistas o te expulsan”, apunta. Se considera trampa.

La aventura de este barcelonés de 33 años se saldó con un loop y pico. Veintitantas millas antes de sufrir síntomas de hipotermia y protagonizar una escena que firmaría el mismísimo Atreyu en La historia interminable: Era imposible avanzar. No por el cansancio físico. Era por la niebla, espesísima, el barro, las pendientes descomunales, la desorientación, el terreno empantanado de hojas caídas… No concebía que fuese así. Puedes estar fácilmente 5 horas para hacer 6 millas, explica.

La Barkley Marathon realmente comienza muchísimo antes. El primer reto es conseguir uno de los 40 exclusivos dorsales que Lazarus -el tipo excéntrico de barbas blancas que ideó el evento- entrega en cada edición. “Permíteme que guarde el secreto. Lo he conseguido en el segundo intento, y te puedo decir que he pasado un examen escrito y varias pruebas, entre ellas la de convencer a este hombre de que yo debía ser uno de los elegidos”, nos explica el catalán respetando las normas que prohiben contar cómo logró su inscripción.

La ceremonia previa a la carrera es todo un ritual. Lazarus agrupa a los 40 participantes en torno a una mesa y saca un mapa del parque. Allí explica a grandes ragos los caminos que hay que seguir en cada bucle y los corredores elaboran su propio croquis. “Hay que seguir la ruta que él te dice, pero es muy confusa, y si te sales, tienes que volver atrás…, es todo muy extraño”, acierta a decir Josep tratando de explicarlo. “Aquello es intransitable, vas atrochando por medio de la montaña en base a las 6 páginas de instrucciones que te dan el mismo día de la carrera. Ahí te indican el lugar en el que están escondidos los 13 libros que debes encontrar en cada vuelta, tú tienes que arrancar la página del número de tu dorsal, pero los libros no se ven fácilmente, pueden estar escondidos un palmo bajo una piedra… Si se te atasca alguno, tranquilamente puedes echar una hora buscándolo”, nos detalla.

EL TOQUE DE CORNETA

J. Barberillo: “Lo lógico es no completar ni una vuelta en la Barkley”

La incertidumbre sobre el comienzo de la carrera es otro de los distintivos de la Barkley Marathons. No hay una hora establecida. Entre las 23:00 de la noche del viernes y las 12:00 del mediodía del sábado Lazarus hace sonar una concha. Es el aviso. “Eso significa que a partir de ese instante la carrera empieza justo en una hora. Claro, esto complica los preparativos previos, y además no puedes dormir, por si le da por sonar la corneta a las 5:00 de la mañana. Llegado el momento te acercas a la valla de salida y el tipo nos da un reloj. Es el único aparato electrónico que podemos llevar. Nada de teléfonos, ni cámaras, ni GPS. El reloj marca 00:00 y está sincronizado con el suyo. Entonces se fuma un pitillo y echamos a correr”, relata el atleta barcelonés.

En los 30 años de vida de la Barkley apenas una docena de corredores ha logrado completar los cinco bucles de 20 millas. Es sorprendente, pero nunca han tenido que rescatar a nadie. Tampoco tienen cómo hacerlo. Ahí no hay nada, ni siquiera una ambulancia en el camping”. Aunque el escenario es realmente peligroso, ya que al laberíntico y escarpado terreno se suma una climatología apocalíptica. “Puede estar nevando y en un par de horas hacer un calor soporífero. Y en el reglamento no se habla de material obligatorio, cada uno lleva lo que quiere”, apunta nuestro protagonista.

Tras haberse convertido en el primer corredor español de la historia en participar en la sádica prueba de Tennesse, Josep Barberillo lo tiene claro: Lo lógico es hacer cero bucles. Ni siquiera lo llamaría carrera. Al ser 40 personas vas solo todo el tiempo. Mike Wardian, un atleta consagradísimo, ha ido dos veces y no ha completado ni una vuelta. Está diseñada para el fracaso de los participantes. Fíjate, el dorsal 1 lo reservan para quien creen que va a abandonar primero. Le llaman el ‘sacrificio humano’. Y cuando se retira le tocan el himno de los caídos”.

En esta última edición la Barkley Marathon volvió a quedarse en blanco: cero finishers. Gary Robbins fue quien llegó más lejos, completando tres vueltas en menos de 40 horas. Era su cuarta participación. El año pasado se quedó a tan solo 6 segundos de acabar las 100 millas, un episodio tan cruel como la propia carrera.

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