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Egloff y Miranda se retiran de su intento de récord en el Everest

Los montañeros ecuatorianos Karl Egloff y Nicolás Miranda han puesto fin a su intento de establecer un nuevo récord de velocidad en el Everest, en una temporada marcada por la congestión en la ruta sur.

Redacción Oxígeno

5 minutos

Egloff y Miranda se retiran de su intento de récord en el Everest

A veces, la verdadera cima es saber cuando regresar.

Karl Egloff y Nicolás Miranda han dado por finalizado su proyecto en el Everest esta temporada. Los dos alpinistas ecuatorianos habían acudido esta primavera al Himalaya con la intención de intentar batir el récord de velocidad de ascenso sin utilizar oxígeno suplementario, un desafío que no ha podido materializarse.

La noticia fue confirmada por el propio Egloff a través de sus redes sociales tras abandonar la montaña después de su último intento. "Después de cerca de 50 días en Nepal, dejamos el Campo Base ayer a las 3:30 pm", detalla Egloff, que a continuación desglosa su último ataque a cima. "Cruzamos la cascada del Khumbu, pasamos los tres primeros campos de altura y escalamos la pared del Lhotse y la Yellow Band. La altitud nos recordó en seguida lecciones sobre humildad y sobre cuánto de demandante puede ser. Después de 13 horas en movimiento, alcanzamos el Campo 4 en el Corredor Sur. Aunque tal vez hubieramos podido alcanzar la cima, sabíamos que el descenso hubiera supuesto un riesgo tremendo, debido a la fatiga, el mal de altura. Además Nicolás ya avanzaba con algunos problemas. Decidimos regresar al Campo Base de una tirada. Así es la montaña: algunos días te sientes fuerte, y otros no. Pero lo que más importa siempre es volver a casa. Algunos verán esto como un fracaso, pero para mí, estar aquí ya es todo un privilegio. A veces, la verdadera cima es saber cuando regresar a casa, o cuidar de tu compañero, y salir con vida. La montaña siempre requiere respeto, paciencia y humildad. Ahora es el momento de volver a casa. ¡Gracias Everest!".

Durante meses, Karl Egloff había descrito 2026 como el año decisivo. Después del intento frustrado de 2025, el montañero ecuatoriano-suizo regresó al Himalaya convencido de que llegaba en la mejor forma de su vida. Había acumulado cientos de horas de entrenamiento en hipoxia, completado una meticulosa aclimatación en Nepal y diseñado una estrategia enfocada exclusivamente en un objetivo: establecer una nueva marca de velocidad en el Everest sin oxígeno suplementario.

Para Egloff, especialista en ascensiones rápidas de montaña y poseedor de numerosos récords de velocidad en grandes cumbres, el Everest representaba uno de los desafíos más ambiciosos de su carrera deportiva.

 

Un récord que dura tres décadas

La referencia que perseguían Egloff y otros especialistas sigue siendo una de las más sorprendentes del alpinismo moderno. En 1998, el sherpa Kaji Sherpa estableció un tiempo de 20 horas y 24 minutos desde el campo base sur hasta la cima del Everest sin oxígeno suplementario. Casi tres décadas después, nadie ha conseguido mejorarlo de forma reconocida y verificable.

Esta primavera también destaca el intento de Tyler Andrews, que tuvo que abandonar su ataque al récord tras superar los 8.000 metros.

Lo llamativo es que, a pesar de los avances en entrenamiento, nutrición, monitorización fisiológica y conocimiento de la altitud, el récord de Kaji Sherpa continúa resistiendo.

Los grandes referentes de la velocidad en el Everest

La historia de los ascensos rápidos al Everest está llena de matices —las rutas utilizadas, el punto de partida, el uso o no de oxígeno suplementario y el estilo de ascensión dificultan las comparaciones directas—, pero algunos nombres siguen siendo referencias obligadas en esta disciplina.

Kaji Sherpa mantiene el récord de velocidad más reconocido en la ruta sur sin oxígeno suplementario. En 1998 alcanzó la cima desde el campo base en 20 horas y 24 minutos, una marca que continúa siendo el gran objetivo de los especialistas en ascensiones rápidas.

Babu Chiri Sherpa protagonizó una de las actuaciones más extraordinarias registradas en el Everest. En el año 2000 completó el ascenso en 16 horas y 56 minutos, además de firmar otro récord histórico: permanecer 21 horas en la cima sin oxígeno suplementario, una marca que todavía no ha sido superada.

Kilian Jornet ocupa un lugar singular en la historia de la velocidad en el Everest porque sus ascensiones no encajan exactamente en la misma categoría que los récords clásicos desde el campo base. En mayo de 2017 realizó dos ascensiones consecutivas por la vertiente norte tibetana, sin oxígeno suplementario y en un estilo extremadamente ligero, prescindiendo además de apoyo logístico convencional y del uso de cuerdas fijas propias.

La primera ascensión partió desde el entorno del monasterio de Rongbuk y el campo base norte (unos 5.100 metros), alcanzando la cima en 26 horas. Jornet sufrió problemas gastrointestinales durante el ascenso, lo que ralentizó su progresión en la parte alta de la montaña, aunque aun así completó una de las ascensiones más rápidas registradas en el Everest.

Cinco días después regresó a la montaña para un segundo intento. En esta ocasión salió desde el Campo Base Avanzado (Advanced Base Camp, ABC), situado aproximadamente a 6.400-6.500 metros en la cara norte, siguiendo la ruta normal tibetana hacia el Collado Norte y la arista noreste. Alcanzó la cima en 17 horas, una marca extraordinaria teniendo en cuenta la altitud y el estilo empleado.

Sin embargo, los registros de Jornet suelen citarse por separado respecto a los récords tradicionales del Everest. Mientras que la marca de Kaji Sherpa se refiere al ascenso desde el campo base sur nepalí sin oxígeno suplementario, el tiempo de Jornet corresponde a una ruta por una vertiente distinta de la montaña.  Aun con esas diferencias, las dos ascensiones de 2017 consolidaron a Jornet como una de las figuras más influyentes en la evolución del alpinismo rápido y ligero en grandes altitudes, y ayudaron a impulsar el interés de una nueva generación de corredores y montañeros por los desafíos de velocidad en los ochomiles.

Kilian Jornet, uno de los grandes referentes históricos de la velocidad en montaña.

Un objetivo cada vez más complejo

Los intentos de velocidad en el Everest presentan dificultades muy distintas a las de otras montañas donde Egloff ha logrado establecer récords.

Más allá de la altitud extrema, la ruta normal del Everest está condicionada por factores que escapan en gran medida al control de los atletas: las ventanas meteorológicas son muy limitadas, la seguridad obliga a coordinar movimientos con los equipos de apoyo y la concentración de expediciones durante los días favorables genera frecuentes congestiones en puntos clave del recorrido.

Precisamente, antes del inicio de la temporada, Egloff ya había señalado que el tráfico en la montaña podía convertirse en uno de los principales obstáculos para cualquier intento de velocidad. En un proyecto donde cada minuto cuenta, una detención prolongada en zonas técnicas puede comprometer por completo el resultado.

Una tendencia en crecimiento

El interés por los récords de velocidad en alta montaña ha crecido de forma significativa durante la última década. El desarrollo de materiales más ligeros, una mayor comprensión de la fisiología en altitud y la influencia de disciplinas como el trail running han impulsado una nueva generación de atletas especializados en ascensiones rápidas.

Sin embargo, el Everest continúa ocupando una categoría propia. La altitud, la logística necesaria y la creciente masificación de la ruta normal convierten cualquier intento de velocidad en una operación compleja, donde el rendimiento físico es solo una de las variables en juego.

La temporada 2026 deja así una conclusión clara: el récord del Everest sigue vigente y, al menos por ahora, continúa siendo una de las marcas más difíciles de alcanzar en el alpinismo de altura. La montaña más alta del mundo continúa siendo, también para los súper especializados atletas modernos, un lugar donde el resultado nunca está garantizado

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