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Con las lluvias de otoño, regresar de un entrenamiento con las zapatillas cubiertas de barro resulta habitual, incluso sin abandonar los parques y caminos urbanos. Limpiarlas parece sencillo, pero hacerlo con demasiada fuerza, sumergirlas durante horas o acercarlas a una fuente de calor puede deteriorar sus materiales. No necesitas dejarlas como nuevas después de cada salida: el objetivo es retirar la suciedad acumulada, conservar la suela despejada y permitir que el interior se seque correctamente antes del siguiente entrenamiento.
Retira primero el barro más grueso
Antes de añadir agua, observa cómo está la suciedad. Si el barro superficial comienza a secarse, suele desprenderse con mayor facilidad utilizando un cepillo suave. Frotar inmediatamente una malla cubierta de barro húmedo puede extenderlo y hacer que penetre más en el tejido. Asics recomienda aprovechar el cepillado en seco para retirar buena parte de la suciedad antes de continuar con la limpieza. Eso no significa que debas dejar las zapatillas empapadas dentro de una bolsa hasta el día siguiente. Al llegar, sácalas, abre la lengüeta y retira las plantillas si son extraíbles. Si hay grandes pegotes, elimínalos suavemente. Después, deja que la superficie pierda humedad en un lugar ventilado mientras preparas la limpieza. Evita golpear las zapatillas con fuerza contra una pared o introducir objetos metálicos para arrancar el barro. Un cepillo de cerdas blandas, un paño, agua templada y una pequeña cantidad de jabón suave suelen ser suficientes.
Dedica atención a la suela
La suela es la parte que está en contacto con el terreno. En las zapatillas de trail, el barro puede ocupar los espacios entre los tacos; en las de asfalto, puede acumularse en las ranuras. Retirarlo permite recuperar un dibujo despejado, aunque ninguna limpieza garantiza el agarre sobre cualquier superficie. Brooks Running advierte de que la acumulación de barro bajo la zapatilla puede reducir la tracción. Por eso conviene revisar esta zona después de las salidas por terrenos húmedos, aunque el resto del calzado no necesite una limpieza completa. Cepilla siguiendo las ranuras y utiliza un poco de agua si quedan restos adheridos. Para los espacios pequeños puede servir un cepillo de dientes suave. Si encuentras una piedra encajada, retírala con cuidado, sin hacer palanca sobre la espuma. No necesitas utilizar una manguera a presión ni raspar con herramientas afiladas.
Limpia el tejido con poca agua y sin frotar fuerte
La parte superior, también denominada upper, envuelve el pie y suele combinar malla, refuerzos y distintas uniones. Humedece una esponja o un paño con agua templada y jabón suave, y trabaja mediante pasadas ligeras. Después, retira los restos de jabón con otro paño humedecido en agua limpia. Insiste de forma gradual sobre las manchas. Si una marca permanece, no compensa deteriorar el tejido intentando borrarla. Una zapatilla puede estar limpia y conservar alguna señal del entrenamiento. La entresuela, situada entre el pie y la suela exterior, contiene la espuma de amortiguación. También puedes limpiarla superficialmente, pero evita estropajos y productos abrasivos. Si el calzado incorpora cuero, ante o materiales especiales, consulta sus instrucciones: el procedimiento adecuado para una malla sintética no sirve necesariamente para todos los acabados.
Separa plantillas y cordones
Extraer las plantillas permite limpiar y secar mejor el interior, siempre que estén diseñadas para retirarse. No tires de ellas si están pegadas. Cuando sean extraíbles, pasa suavemente un paño húmedo con jabón y elimina después sus residuos, procurando no empaparlas. Los cordones también pueden acumular barro. Retíralos si están sucios, límpialos por separado y déjalos secar extendidos. Aprovecha para comprobar que no quedan pequeñas piedras dentro de la zapatilla, especialmente bajo la plantilla o alrededor de la lengüeta. Si utilizas un modelo con membrana impermeable, sigue las indicaciones específicas del fabricante. Gore‑Tex recomienda una limpieza suave, poca cantidad de detergente y evitar la lejía y la lavadora.
Seca al aire, lejos del radiador
Tras la limpieza, retira el exceso de agua con una toalla, sin retorcer ni comprimir agresivamente la zapatilla. Coloca papel absorbente blanco en el interior, sin apretarlo demasiado, y cámbialo cuando esté húmedo. Mantén las plantillas fuera y deja la lengüeta abierta para favorecer la ventilación.Busca un lugar seco, ventilado y a temperatura moderada. Evita el radiador, el secador de pelo, la secadora y el sol intenso. El calor puede afectar a los adhesivos, los tejidos y las espumas. Las recomendaciones de cuidado de Brooks Running y Gore‑Tex coinciden en priorizar el secado al aire. No existe un plazo único: unas zapatillas ligeramente húmedas y otras completamente empapadas necesitan tiempos diferentes. Antes de guardarlas o volver a utilizarlas, comprueba también el talón y la zona de los dedos.
Una rutina sencilla después de cada salida
No hace falta lavar a fondo las zapatillas cada vez que salpicas un charco. Revisa la suela, retira el barro acumulado y facilita el secado. Reserva la limpieza más completa para cuando realmente sea necesaria. Cuidarlas consiste en mantenerlas funcionales, sin exigirles un aspecto impecable después de cada entrenamiento.
