La Subida al Gran Hotel Bali y las carreras de rascacielos

“El que llega arriba y no se tira al suelo no lo ha dado todo”
DANIEL SANABRIA. -
La Subida al Gran Hotel Bali y las carreras de rascacielos
La Subida al Gran Hotel Bali y las carreras de rascacielos

De dos en dos, como los Petit-Suisse. Así suben escalones Ignacio Cardona y Ángel Llorens, dos de los mejores especialistas nacionales en pruebas de rascacielos. Su meta está en la azotea. Hablan de competiciones que se corren hacia arriba y no hacia delante. Como diría nuestra abuela, “son ideas de bombero”. Y, efectivamente, lo son.

El Empire State, ubicado en el 350 de la Quinta Avenida de Manhattan, es el edificio más emblemático de Nueva York y hasta 1972 fue el más alto del mundo. Su mirador, que nos regala las mejores vistas de la ciudad, se construyó en la planta 86. Un total de 1.576 escalones nos llevan hasta él, pero el visitante suele optar por el ascensor, que en menos de un minuto nos sitúa a una altura de 320 metros. Ya han pasado 39 años desde que la mente brillante de Fred Lebow, fundador del Maratón de Nueva York, creara el Empire State Building Run-Up. El nombre no deja lugar para las dudas. El desafío, tampoco: subir corriendo el más prominente de los rascacielos de la Gran Manzana. Era 1978 y el ganador fue el bombero Gary Muhrcke, vencedor también de la primera edición del Maratón de Nueva York. Paralelismos. Marcó un tiempo de 12 minutos y 33 segundos. Fue una cronoescalada indoor, la primera de la historia.

Cuarenta años después la subida a la planta 86 del Empire State sigue siendo la mejor carrera de escaleras del mundo. No es la más alta, pero sí la más deseada. Hay tortazos por entrar en ella. Y eso que la inscripción no es barata: 125 dólares, para una aventura que al corredor estándar le dura veintitantos minutos.

Miquel Tortosa es organizador por accidente de la Subida al Gran Hotel Bali. Bombero de profesión, se inscribió en las primeras ediciones hasta que un día le pidieron que echara una mano en la planta 25. “Y la eché. Ahí entré a formar parte de la organización y hasta ahora”, nos cuenta el ya director de la prueba. Nadie mejor que Miquel para hablar de lo que significa gestionar una carrera que se hace hacia arriba y no hacia delante. El Bali es un hotel que cuenta con 2.000 clientes y su ocupación casi siempre está al completo. Esto obliga a la organización a hacer las cosas lo más rápido posible y con la menor molestia. “Tardamos hora y media en hacerlo todo, desde las 17:00 hasta las 18:30. A las 19:00 ya estamos entregando los premios”, explica. Para organizar a los participantes y al staff piden dos ascensores para uso exclusivo, y así, en cuadrillas de 30 personas, desalojan gradualmente la planta de meta. “Alguno por no esperar el turno todavía tiene ganas de bajarse andando”, bromea entre risas.

IDEAS DE BOMBERO

En España las carreras verticales de escaleras no han terminado de encontrar su hueco. La pionera en este formato fue la Torre Collserola (Barcelona), donde Kilian Jornet venció en la edición del año 2006. En su día también se organizaron carreras en el Hotel Hilton de Valencia y en la Torre Aqua, y en Madrid en la Torre Picasso y el edificio Torre Espacio. “Se planteó un circuito con este tipo de pruebas pero no llegó a cuajar”, explica Miquel.

A nivel internacional sí que han cuajado, aunque igual que en el trail encontramos divisiones. Por un lado está la ISF que organiza el Vertical World Circuit desde el año 2009, una competición que pasa muy desapercibida a la sombra de las famosas Skyrunner World Series; y por otro la asociación Tower Running que dirige el eslovaco Daniel Cecetka, que integra más carreras a nivel mundial y tiene dedicación exclusiva a esta disciplina. Las pruebas que deseen formar parte de esta asociación tienen que pagar un canon.

Las carreras de escaleras es una modalidad muy ligada a los cuerpos de bomberos. Muchos de los mejores especialistas lo son y dan recitales antológicos en las pruebas verticales más prestigiosas. Incluso hay carreras que organizan una modalidad en la que hay que subir con todo el equipo de trabajo de bombero. En la retina de muchos aficionados está la imagen de Arturo Casado –campeón de Europa de 1.500 metros– subiendo de esta guisa la Torre Espacio de Madrid. Pero precisamente no son los atletas de pista los deportistas que obtienen mejores resultados a la hora de llegar a lo alto de los rascacielos. Miquel habla desde su experiencia: “Aquí al Bali han venido atletas muy buenos de mediofondo y fondo, y todos han fracasado. Pedro Esteso, un tío de 3:35 en 1.500 metros, corrió en 2003 en 6 minutos. El ganador de este año ha hecho 4:20. Imagínate. Esto no tiene nada que ver con el llano, por muy fino que estés aquí no haces nada. Los que tienen mejor rendimiento son los ciclistas o los especialistas en montaña y kilómetros verticales, que están fibrados pero con unos cuádriceps muy fuertes”.

En este perfil encaja a la perfección el mejor corredor español de rascacielos: Ángel Llorens, tetracampeón de la Subida al Gran Hotel Bali. Conquense de nacimiento, ex bombero, especialista en Mountain Bike y Kilómetros Verticales, organizador de la Subida a la Degollá (Priego) y sufridor en carreras de escaleras. Porque si hay algo que define a este tipo de competiciones es el sufrimiento y la agonía. Hablamos de calentones muy serios: “El que llega arriba y no se tira al suelo no lo ha dado todo”, nos dice Ángel. Habla un tipo que ha estado en Hong Kong subiendo el edificio Square Phase 7, un centro comercial de 100 plantas cuya meta se alcanza tras superar 2.120 escalones. “Me invitaron tras conseguir el récord del Bali, pero aquello fue una auténtica burrada. Cuando vi el edificio me acojoné, iba por el piso 60 reventado y pensé: ‘ahora me queda un Bali completo’… Acabé fatal. Eso sí, las vistas de la Bahía de Hong Kong desde lo alto del rascacielos no me las quita nadie”.

Ángel nunca había estado tan cerca del cielo con los pies en la tierra. Entrena en Cuenca en un edificio que tiene diez pisos. No le llega ni para romper a sudar. Cuando puede se escapa al Bali y fintando turistas entre planta y planta hace ‘rodajes largos’.

EL ARTE DE SUBIR ESCALERAS

Aunque puede parecer de lo más simple, subir escaleras tiene su ciencia. “Es una prueba de laboratorio, no tienes margen de error, todo hay que medirlo al milímetro. Si fallas tres segundos, estás fuera. Cada segundo perdido penaliza muchísimo el tiempo final” –cuenta. Y nos explica su estrategia–. “Yo suelo salir bastante fuerte durante las 20 primeras plantas y si veo que tengo las pulsaciones por las nubes bajo un pelín el ritmo para llegar bien al final. Al hacerse en lugares cerrados, la falta de oxígeno se nota más, es muy agónico”.

La estrategia de carrera subiendo escaleras es el resultante de una ecuación en la que intervienen ciertos factores. Se puede optar por subir escalones de 2 en 2, como hace Ángel, o incluso de 3 en 3 si la altura del escalón es baja y la inclinación permite este ritmo. “Cada edificio es distinto y los escalones cambian. Por ejemplo, los de la Torre Eiffel son muy inclinados”, apunta. También hay que considerar los tiempos entre plantas, donde el gesto en el descansillo debe ser siempre el mismo. “Es clave entrar en el siguiente tramo de escaleras con tu pierna buena”, explica el conquense. Y por último, la barandilla, otro factor que los atletas tratan de poner a su favor. “Yo lo uso para apoyarme y darme un impulso extra, pero también hay que fijarse en la dirección de la carrera, no es igual subir de izquierdas que de derechas”, puntualiza.

El éxito o fracaso para triunfar subiendo un rascacielos no responde a una fórmula infalible. Se trata de una combinación personal de resistencia, fuerza e inteligencia para gestionar la energía correctamente. “La clave es mantener la explosividad en el tiempo”, sintetiza el ex plusmarquista de la Subida al Bali.

LA SUBIDA AL BALI, LÍDER EN EUROPA

El hotel más famoso de Benidorm y de España es también el más alto de Europa. Con la meta ubicada a 52 plantas del hall, ofrece 924 escalones y tiene un cupo de 400 dorsales. Por altitud, es la segunda carrera de escaleras más alta del continente (solo superada por la Vertigo de París). Su primera edición se celebró en el año 2003, al poco de inaugurarse el hotel, y a ella asistieron Miquel Tortosa, Ignacio Cardona y el gran Paul Crake (pentacampeón del Empire State Building Run Up), entre otros curiosos. Venció el australiano con un tiempo de 4:35, una marca que permaneció imbatida 11 años. Por fin, en el 2014, Ángel Llorens logró rebajarla dos segundos, lo que le sirvió de pasaporte para viajar a Hong Kong. Pero la edición de 2016 fue la de mayor nivel de su historia. Christian Riedl paraba el crono en 4:20, dando un increíble mordisco de 13 segundos al récord vigente hasta entonces. Un crack. Igual que el toledano Julián Barrios, que a sus 76 años subió los casi mil escalones del Bali en un tiempo de 11:06.

Este año la Subida al Bali celebra su 15ª edición y, como siempre, se espera la participación de los mejores especialistas internacionales. El pasado curso no faltó ninguno de los diez primeros del ranking mundial. Como novedad en el programa encontramos la nueva categoría para bomberos equipados. Además, se repartirán más de 2.500€ en premios en metálico y una prima de 150€ si alguien logra bajar los récords oficiales: Christian Riedl (4:20) y Wafiya Benali (5:44). Apunta la fecha: 26 de mayo a las 17:00 horas. Las inscripciones ya están abiertas en www.cronorunner.com y www.subidagranhotelbali.com.

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