Hermanos del asfalto, os estamos esperando

Recuperamos un artículo de Roberto Palomar sobre las diferencias entre un maratón de asfalto y uno de montaña
Roberto Palomar. Ilustración César Llaguno -
Hermanos del asfalto, os estamos esperando
Hermanos del asfalto, os estamos esperando, Roberto Palomar. Ilustración César Llaguno

Escribo estas líneas pocos días después de haberse celebrado el maratón de Madrid. En la redacción de MARCA tenemos unos cuantos "finishers". Hay de todo. Desde nuestro keniata particular, capaz de acabar por debajo de las tres horas, hasta el tipo más feliz del mundo, con sus cinco horas bien trabajadas, pasando por otro que corrió empujando un carrito por una causa solidaria. Incluso hay uno que pasó la tarde en el hospital, recuperando y enchufado al suero. Y aprendiendo una lección: hay que beber más. Les entiendo a todos porque hubo un tiempo en que yo era el único de la redacción que corría maratones. Y había uno -el de las cinco horas- que me decía: "Yo jamás correré un maratón". Hoy lleva cuatro, Nueva York incluido.

Están todos nerviosos, incómodos, irritados. Deambulan por la redacción a la hora de comer, que era su hora de entrenamiento, sin saber qué hacer. Como yo les digo, están con la depresión post-parto. La depresión post-maratón existe. Es un hecho. Te tiras tres o cuatro meses entrenando casi a diario, vigilando un poco la comida y los buenos hábitos, pendiente de tiempos y ritmos y, de repente, de la noche a la mañana, te encuentras con que no sabes qué hacer con tu modesta vida deportiva. Con el tiempo de ocio que antes le dedicabas al entrenamiento. Con aquella obsesión que era la meta de El Retiro y que ya no existe porque la has conseguido y te han dado una medalla y un diploma. El domingo por la tarde, después del maratón, estás eufórico. El lunes, orgulloso y dolorido. El martes, en paz contigo mismo. El miércoles, pensando en que quizá ya puedas trotar un rato el fin de semana. El jueves, que para qué vas a esperar al sábado... Hasta que pasan los días y te encuentras en la casilla de salida solo que con un montón de ventajas que, tal vez, en esos momentos de nostalgia, no percibas: eres una persona sana, has superado un reto, eres mejor deportista que hace unos meses y, además, cada día hay más horas de luz y hace mejor tiempo.

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Así que, con esta perspectiva, agarré un día al grupo de almas en pena que vagan por la redacción contando su batalla a quien quiere oírles, les lleve a la máquina del café y les solté un discurso: "Sé lo que os pasa. No preocuparos. Tiene cura. Os encontráis bien, vais recuperando el cuerpo pero estáis sin objetivos, con todo el verano por delante, hasta que os pique la mosca otra vez y corráis otro maratón. Pero pueden pasar meses. La solución es fácil: haceos corredores de trail”. El de las cinco horas dijo que él nunca correría un trail, dos no sabían de lo que les estaba hablando y dos ya habían probado a correr en la montaña y les había encantado, pero no habían caído en la posibilidad de empalmar la temporada. Sé que a todos se les encendió una lucecita y que van a encontrar salida a parte de su desazón. Les explique lo que había: un calendario amplio, un montón de carreras y distancias diferentes para elegir, una experiencia nueva, unos escenarios espectaculares y otra forma de concebir la carrera, completamente distinta a la que habían dominado hasta ahora. Otra forma de correr, de hidratarse, otro material, otros ritmos… Y también les conté la ventaja con la que partían como maratonianos: ya estaban entrenados. Solo tenían que recuperar bien y adaptarse. Los elementos comunes del maratoniano con el corredor de trail estaban asimilados: resistencia, capacidad de sufrimiento, disciplina, motivación ante un objetivo... Qué les voy a contar. Y para acabar, les solté mi teoría particular: a igualdad de distancia, me parece menos lesivo y menos dañino un trail que una carrera por asfalto.

Y todavía estamos discutiendo en la máquina de café sobre el asunto. Porque no se creen que 42 kilómetros por montaña sean más asequibles que 42 kilómetros por asfalto. Para mí, lo son. Aunque cada corredor y cada carrera son un universo diferente y no hay máquinas de café suficientes en todas las oficinas del planeta para debatir.

*Artículo publicado en el número 14, junio 2016 *

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