Marathon des Sables 2017, por Laia Díez

Y finalmente el sueño se cumplió
Laia Díez. Fotos: Marta Bacardit. -
Marathon des Sables 2017, por Laia Díez
Marathon des Sables 2017, por Laia Díez

Ya hace varios años que no paraba de repetirle a Elisa: algún día haré la Maratón de Sables, no quiero dejar de correr y no haber hecho la carrera considerada la más dura del mundo. La única duda que tenía era el calor, no se me da nada bien...

Y llegó la planificación de la temporada 2017, tenía la oportunidad de ir a la carrera y me tiré de cabeza, sin pensarlo ni un segundo. Cuando realmente deseas algo no hay que darle ninguna vuelta.  Dos días y ya estaba inscrita.

La preparación pre carrera fue muy divertida. Entrenaba en la playa probando polainas y la dureza de la arena, empezaba a ver con que me encontraría. Me ponía muchas capas de ropa para buscar calor corporal e incluso entrenaba dentro de una sauna a 80ºC. La ilusión era desbordante y el respeto importante.

Fueron pasando los días y tenía que ir terminando la bolsa de carrera, vital para competir con buenas condiciones. El Ferran Broceño de Vertical fue el encargado de facilitarme todo el material necesario y gente como Blacky o Oscar me daban los últimos consejos basados ​​en su experiencia.

Todo seguía su curso hasta que 24 horas antes de partir con toda la delegación catalana hacia Marruecos, se murió mi suegro. Previamente ya había tenido dudas de irme, ya no estaba demasiado bien, pero todo seguía igual y finalmente, un día antes, se murió. Lógicamente lo paré todo y decidí no ir al desierto. Hay cosas vitales en la vida y esta era una de ellas. Pasaron las horas, el dolor era muy grande y sólo quería estar al lado de mi pareja, eran momentos muy complicados.

Por otra parte la organización movía todos los hilos posibles para que pudiera marchar un día más tarde. Yo no quería, Elisa me decía que tenía que ir, pero mi corazón se quería quedar a su lado. Era una decisión muy difícil hasta que su madre me llamó y sus palabras fueron las que me hicieron marchar y correr por Josep, nunca olvidaré la conversación que tuve esa noche con Rosa, gracias.

El viernes nos despedíamos de él y por la noche Elisa, Rosa y mis hijas me llevaban al aeropuerto para tomar un vuelo camino de la carrera más dura del mundo. Estaba anímicamente muy tocada pero tenía que coger ese avión, cambiar el chip y hacerlo por él, por ellas.

Después de horas de avión, de coches, toda una noche sin dormir y llegando al campamento a media mañana con un calor asfixiante, pasé el control de la bolsa de carrera (9kg + 1,5l de agua Horrible), me instalé en la haima, fui a calentar 40 'con Fernanda para empezar a catar el desierto y 15h más tarde ya empezaba la 1ª etapa. Estaba agotada antes de empezar.

Domingo 9 de abril, inicio de la Maratón de Sables. Nervios a flor de piel y preocupada por el peso en la espalda, parecía imposible avanzar con todo lo cargado detrás. Llevaba la comida para 7 días, el saco, el colchón y 4 cosas más. Todo lo que necesitaba para sobrevivir esa semana que estaría en el desierto.

8h30 ': 1.300 personas preparadas para salir, la música de ACDC y gas hacia las dunas! Que inicio más duro! Me creía incapaz de poder hacer todo lo que se me presentaba delante todos aquellos días. Parecía que pesara 100kg y las piernas les costaba avanzar con tanta arena, era duro, muy duro. Mi cabeza se encargó de los 33km que tenía delante y después de 3h14’ ya cruzaba meta, la sensación de ver el campamento en medio de la nada fue increíble, no tengo palabras de la emoción que sentí. Josep, la 1ª etapa ya era tuya!

Cada día nos encontrábamos el campamento totalmente en su lugar, con las haimas montadas y todo perfectamente organizado. Lo único que nos daban era botellas de agua que nos servían para beber, cocinar y limpiar un poco. Era todo autosuficiencia y la comida nos la racionábamos como si se acabara el mundo.

La 2ª etapa ya eran 39km y se presentaba con más dunas y más calor. El peso de la mochila parecía el mismo, y con las piernas ya trabajadas y la espalda bien dolorida inicié aquellos kms como si empezara de nuevo. Había dormido bastante bien dentro del saco y sobre la manta delgada que teníamos para aislarnos del suelo, pasando un poco de frío pero bastante a gusto.

Canción de rigor, Patrik (organizador general de la carrera) dando la salida y hacia adelante para completar el 2º día. Dunas y más dunas, las polainas me empezaban a hacer el tonto y a partir del km 20 empecé a tener calambres en todas las piernas, algo muy poco habitual en mí. Me hizo bajar el ritmo y por lo tanto el tiempo de carrera, pero después de 5h y un poco más ya visualizaba el campamento y cruzaba la meta, teniendo la misma gran sensación del 1er día.

Etapa finalizada, una menos, con malas sensaciones pero teniendo clarísimo que tenía que beber más agua y añadir más sales.

Al igual que el día anterior hice mi llamada diaria a casa para oír la voz más reconfortante de la tierra que me daba la energía necesaria para salir adelante. Realmente estaba contenta. Muy a gusto alrededor por el campamento, hablando con todo el mundo y absorbiendo cada pequeño momento que se me presentaba. Gerard me había dicho que abriera los ojos y la mente y así lo estaba haciendo. Conociendo a grandes personas y disfrutando de los abrazos de Marta Bacardit, gran puntal en mi experiencia en Sables.

Tercer día, 31km etapa corta y con ganas de hacerlo bien, y justamente con más montaña y dunas, más parecido a lo que estoy acostumbrada a correr. Salí a buen ritmo, subiendo unas dunas gigantes, muy duras de gestionar y bajando por zonas con más piedras, corriendo a gusto. La mochila pesaba algo menos, las rampas ya no estaban y el calor empezaba a ser insoportable, cada día iba a más, de 45-55ºC. Muy temprano al mediodía ya crucé meta, después de hacer una recta que no se acababa nunca. ¿Sabéis las películas del desierto cuando se ve un espejismo que no acaba de hacerse nunca realidad? Pues lo mismo me pasó a mí con el campamento, increíble.

Una de las cosas que recordaré toda la vida son los mails de familiares y amigos que nos pasaba la organización cada día sobre las 18h de la tarde. Se hacía un silencio sepulcral en la haima. Todos leíamos emocionados las palabras de apoyo de nuestro entorno. Se vivían momentos muy difíciles y los sentimientos estaban a flor de piel, eso lo hacía todo mucho más intenso.

Las tardes-noches eran muy agradables. La temperatura bajaba, las estrellas se multiplicaban por momentos y la luna imponía su grandeza, era imponente. Cenaba un espectacular liofilizado alrededor de los fuegos que encendíamos en cada haima.

Era la noche anterior a la etapa larga y estábamos todos un poco más nerviosos.

4ª etapa, 86km. Convencida de que lo haría bien, era mi distancia. Ya con menos peso en la espalda pero las polainas prácticamente destrozadas salí para comerme el mundo y los primeros 40km volé. Pero a partir de entonces el calor era insoportable y la falta de mi avituallamiento personal con mi sémola líquida hizo que mi energía bajara totalmente, me era imposible comer nada, sólo subsistía con el agua caliente que nos daban para beber. Fue muy duro, muchísimo. Sólo recuerdo fijar la mirada en el horizonte para no desorientarme y llegar a meta sin caerme. Tuve la gran sorpresa de ponerme a escuchar música y ver que Elisa me había mezclado con las canciones, las voces de familiares y amigos que me hablaban, me animaban y me daban mucha fuerza, no os podéis imaginar mi alegría, sentir mis hijas, mi madre, mi padre, hermanas y familia, la madre de Elisa, su padre también me había dejado un mensaje días antes, mi abuela, mi tía, mis mejores amigas, Asunción y Pino, Campru, Raquel de Girona, els Som un sol cor, Pau Capell y Marta, Sara, J, la Mireia y la Toña, el Blacky, Maria Fiol y Dani, Mònica de Sala-Giol, Jordi de Compressport i Lili, Jose d’Empower, Jordi de 426, los compañeros de Altius, los de la Escuela de Trail, las del Pam i Pipa, Gemma, Marcos, Bartoló, Nuria Picas, Puyol y Piqué del Barça y  muchos más que me ayudaron a poner un pie detrás de otro y avanzar hacia el objetivo.

La sensación era horrible, me cayó alguna que otra lágrima, los últimos 10km vomitaba lo que no tenía en el estómago. Tras 12h58’ llegaba al campamento, parecía un sueño, fui capaz de decir hola a la web camp porque en casa vieran que había llegado, y la Cova se me llevó de la mano a la haima para que la responsable de los españoles, la gran Nicole, estuviera 90’ conmigo ayudándome a recuperar. No me había pasado nunca.

Suerte que al día siguiente teníamos día de descanso para recuperar bien.

Hice un buen día de relax. El calor era asfixiante y la comida era escasa, pero era el día de la Coca-Cola! Parece mentira que la temperatura de la bebida me diera tanta vida, fue un buen momento, más que el sabor de la Coca-Cola fue su frescura puesta en mi cara.

Estaba dolorida de la espalda, del aductor, tenía hambre (ya había perdido 3-4kg) y los 55ºC bajo la tela negra de la haima no ayudaban. Tuve mis 7’ de gloria llamando a Elisa, pero me hundí, el sufrimiento del día anterior fue tan grande que sólo explicarlo me daba ganas de llorar. Siempre tendré en mi mente que el día de la etapa larga llegué a ver el diablo.

Estábamos todos cansados ​​pero ilusionados de llegar al final de la Maratón de Sables, no me podía creer que sólo me separaran 42km de mi gran sueño, ser finisher de la carrera considerada la más dura del mundo.

Yo no miraba la clasificación, había venido a acabar, estaba rodeada de grandes corredores/as y mi único objetivo era correr por Josep. Pero me comentaban que quizá estaba en el Top 10 y eso me hacía especial ilusión.

Viernes Día 14 de abril, el gran día. Parecía que iba a ser fácil porque ya llevábamos 4 etapas encima pero una de 42km no era poco y menos con calor y arena. Salí con muchas ganas, como cada día. La experiencia estaba siendo muy intensa, estaba muy a gusto, disfrutando de cada momento.

Los primeros 5km el aductor me dijo que no quería correr más, pero yo me había propuesto hacer una buena etapa y me tomé un paracetamol para acabar con dignidad. Y así fue. Pasando mucho calor y llegando justa de agua, en el km 35 ya empecé a visualizar el campamento a lo lejos. Fue indescriptible, se me humedecieron los ojos, lo había conseguido. El Josep estaría orgulloso de mí. Corrí los últimos kms a buen ritmo, no se acababa nunca aquella recta pero finalmente llegó el momento, cruzaba la línea de llegada, me convertía en finisher de la Marathón Des Sables. Me dirigí de nuevo a la web camp para decir a mi fuerza que lo había conseguido, me toqué el corazón y dirigí los 2 dedos hacia el cielo: POR TI JOSEP, ESTA VEZ ESTA CARRERA ES TUYA.

Todo fueron felicitaciones con los que habían sido mis compañeros de viaje, el abrazo más sentido fue para Marta Bacardit, su optimismo y su alegría me habían ayudado muchísimo en los momentos más difíciles, me había transmitido la energía de Elisa, estuvo increíble.

Abrazo con Patrik y medalla de finisher.

A partir de entonces todo fue muy rápido. Entrevista con TV3, con Toti (fue él quien me dijo que había quedado 8ª de chicas y 86 de la general de 1300 participantes, no está nada mal para no haber competido). Creo que era la persona más feliz del mundo. Ahora tocaba descansar y saborear todos estos días viviendo intensamente.

Al día siguiente 7km de una etapa solidaria que ya no entraba en competición corriendo con el amigo Oscar, compañero y gran experimentado de la carrera, para acabar cogiendo el bus y hacia el hotel a hacer la ducha más esperada de toda mi vida. De camino paramos a pleno sol para comer un picnic que nos había preparado la organización. La devoramos como si nos fuera la vida, una hamburguesa y una naranja soñada día tras día.

Hotel, duchas (la arena no se iba nunca), cena con los mallorquines, Fernanda y los compañeros de tv3. Día siguiente libre para conocer un poco el país y recibir la camiseta de finisher y dormir que al día siguiente tocaba el momento más esperado -y no es exagerar- uno de los días más esperados de mi vida.

A las 18h del lunes de Pascua llegábamos al aeropuerto y la Rosa, mi Elisa y mis pequeñas Beth y Arlet me esperaban después de 11 días sin verlas. Fue un momento que me quedará grabado en la retina de por vida, la reacción de mis niñas fue espectacular, no pude hacer nada más que emocionarme y abrazarlas como nunca. Volvía a casa, después de muchos días, cargada de emociones, contenta de haber alcanzado el objetivo y radiante de alegría de estar de nuevo en torno a mis 3 princesas.

La Marathón Des Sables ha sido la experiencia deportiva más espectacular de mi existencia. La volvería a repetir con los ojos cerrados. El trabajo interior que tuve, valorar intensamente las pequeñas cosas, vivir tantos días con los sentimientos a flor de piel y convivir con personas tan extraordinarias ha hecho que haya un antes y un después de la Maratón de Sables, tal y como me dijo Jordi Solé.

Muchas gracias a todos, vuestra fuerza ha sido necesaria en cada paso que he hecho. Mi familia, mis amigos (a Mónica de los madriles por tus palabras del antes y del después), a la Mireia Porta y Toña Lizarraga no sólo por ayudarme a alimentarme en una carrera de autosuficiencia tan distinta a las que estoy acostumbrada sino por implicarse al 100%, al Joan Ramon Tarragó por sus grandes consejos a nivel de entrenamiento, a Julian por cuidar de mis piernas a la perfección, los conocidos y no tan conocidos, las voces del ipod, Marta (infinitas gracias), Oscar y el Lluis (compañeros de haima), los mallorquines & Jaume, la Fernanda, el Gerard, el resto de catalanes y españoles, la organización, destacando a Olivier (junto con Juan de Halcon viajes, hicieron lo posible para que viniera un día más tarde, mil gracias), la Cova (gracias por ser como eres ), Nicole (no tengo palabras, estuviste simplemente espectacular). Todos, absolutamente todos, GRACIAS.

Y como siempre, esta carrera es, esta vez, más tuya que mía Elisa, tuya y de nuestras hijas. Me hiciste marchar en un momento que me necesitabas más que nunca, sé que no fue fácil para ti, siempre me priorizas, te quiero, eres mi persona.

Rosa, sabes que tú fuiste la que me decidió que me fuera si o si, en aquella llamada que no olvidaré nunca. Eres muy grande.

Y si, esta vez esta carrera es para ti Josep, gracias, estabas conmigo en cada momento, me empujaste siempre hacia meta. Te quiero y te querré siempre.

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