Correr menos para correr más

Nueva entrada de Irene de Haro: "Que correr sea un baluarte y no otra dificultad más"
Irene de Haro -
Correr menos para correr más
Correr menos para correr más, por Irene de Haro

He pasado un año 2019 de reto en reto. Y he acumulado muchos kilómetros en forma de carreras y de entrenamientos (con sus series, con sus tiradas largas, con sus rodajes suaves…). Por supuesto, he ido respondiendo a cada una de mis metas con el compromiso que creo que es conditio sine qua non. Porque si te metes en un berenjenal es para abordarlo con garantías de que no te vas a hacer daño, de que vas a llegar preparado, y de que no vas a cruzar una meta en plan The Walking Dead, cosa que a mí me parece muy carente de épica (ojo, no es un juicio respecto al proceder ajeno: hablo de lo que quiero yo para mí. Allá los demás con el estado de sus cosas).

Todo ello implica, claro, asumir todo un sistema de esfuerzos: con sus horas de entrenamiento, con sus horas de levantarse a deshoras, con su ponerse a hacer series aunque sea a las 21:30, cuando todos están cenando y a ti ya no te dan apenas las piernas por la carga total del día, que no es de kilómetros, pero pesa como un lastre real.

Así que llega el mes de diciembre y dices: pues va tocando aflojar, y te tomas ese mes como descarga. Aprovechas que los análisis te han dado algunos valores un poco raros en el cortisol (eso es estrés, no fastidies, te dice el doctor), y echas el freno de mano universal. Porque ya lo he dicho muchas veces: en esta casa nos comprometemos con aquello en lo que creemos, pero, con perdón de la expresión, esto no es parir o reventar.

Una meta bien planteada es aquella que al ser alcanzada te suma y no te resta

Así que lo hablo con mi entrenador (Pablo Castillo) y con mi nutricionista (Roberto Oliver). Y tras consenso, guiada de sus sabios consejos y con el consabido periodo de queja renegona, dejo de entrenar tanto en esto de correr (y mira que yo llevaba pauta y que nunca hice kilómetros basura) y cambio esta actividad por otra que me dicen que me va a dar más rentabilidad. Y me dedico a hacer entrenamientos de fuerza. Pero no con pesas rosas, sino poniéndome a prueba, porque justamente veo que en apenas 40 minutos al día avanzo enormemente. Y me encuentro cada vez mejor.

Publicidad

El resultado: me siento con mucha vitalidad. Qué coño: me siento fuerte. Y me veo cambio físico: pierdo líquido, me afino, me defino y, abracadabra… comienzo a correr más. Más veloz, más segura, más fuerte, más ágil. Más feliz. Y de nuevo, albricias, albricias, tengo ganas de asumir retos. De modo que me sitúo nuevamente ante el canto de sirenas que las pruebas de larga distancias tejen ante mí.

Publicidad

Ahora viene cuando he de recoger el guante del aprendizaje, y escoger, desde la serenidad, qué papel voy a darle yo al running en mi vida. Porque de algún modo, quien se mete en esto de las pruebas, va elaborando un camino que parece natural y a mi entender no es sensato: el camino de cada vez más. De hecho, este iba a ser el año en el que yo misma saltaría a la distancia de 100 kilómetros. Pero aquí parada y con el bienestar reencontrado, me pregunto: ¿para qué? ¿Qué me quiero demostrar? ¿Acaso no está claro que soy comprometida (con todo, me gusta pensar)? ¿Acaso no me he dado ya muestra de que soy perfectamente capaz de mantener un orden espartano en mi vida entera para encajar los retos deportivos? Sé que si voy hacia los cien, hago los cien. Y los ciento veinte. Y más allá. Y lo digo con total humildad: porque yo, como muchos, que vivo lo que hago, que me envuelvo en pasión por experimentar lo que me da esto de correr, quiero cada vez más. Y he aquí cuando mi razón y mi inteligencia, cuando mi prudencia, me lanzan una pregunta que sería de tontos soslayar… Irene, ¿para qué? Si en ti menos es más. Si haces mucho mejor retos más cortos. Si te has devuelto la alegría de entrenar con esta sensación de que menos es más… ¿Para qué?

Así que aquí me paro por un momento y me declaro: me declaro comprometida, sobre todo, con mi cuerpo, con mi salud, y con que este, que es uno de mis hobbies (ni siquiera el único), ante todo tiene que arrancarme una sonrisa y darme bienestar. Que no puede granjearme análisis médicos anómalos. Que no puede generarme insomnio por estrés. Que no puede ponerme al límite, porque espartanos somos todos, pero las cuerdas se nos rompen. Y porque, qué coño, hay que vivir con ilusión y una sonrisa aquello que nació para darnos satisfacciones. Y porque una meta bien planteada es aquella que al ser alcanzada te suma y no te resta.

De modo que mi 2020 va a estar repleto de retos que han de llevarme a límite de mi felicidad, de mi mejora, de mi salud y de mi bienestar. A eso me abono yo. Por poco épico que sea: ya la vida me va poniendo escollos que requieren de mí sobreponerme a diario.

Que correr sea un baluarte y no otra dificultad más.

Publicidad
Historias
LOS MEJORES VÍDEOS
Te recomendamos

La surfista vizcaína, a por plaza en Tokio 2020 ...

Modelo que destaca por su agarre, ligereza y equilibrio entre amortiguación y respues...

Visitamos su sede en Barcelona y nos adelantaron algunas de las novedades del próximo...

El equipamiento para el trail runner esta temporada: así es la nueva línea adidas Agr...

El nuevo tubular de BUFF® está fabricado a partir de botellas de plástico recicladas...