Correr despacio o andar deprisa, por Roberto Palomar

“Corro o camino. Camino o reviento”
Roberto Palomar. Ilustración: César Llaguno. -
Correr despacio o andar deprisa, por Roberto Palomar
Correr despacio o andar deprisa, por Roberto Palomar

Los corredores de montaña tenemos la suerte de manejar un motor de dos tiempos: podemos correr o podemos caminar sin perder eficiencia en el cómputo global de un trail. Algo que en las carreras de ruta también es posible pero siendo conscientes de que caminar supondrá una minutada escandalosa en el crono final. Caminar en un maratón de asfalto es perfectamente lícito pero mejor no miremos el ritmo de min/km si queremos mantener la moral intacta. Sin embargo, caminar deprisa o correr despacio puede ser una gran táctica en un trail dependiendo del terreno, del objetivo o del estado físico. Si en asfalto ir a 8 minutos por kilómetro es una ruina, en el monte puede ser un tesoro.

De hecho, el momento de elegir la marcha, el instante de pisar el embrague y “engranar” si corremos o andamos es importante. Equivocarse de marcha será un gasto de energía inútil o una falta de eficacia total. Lanzarse a correr cuesta abajo en un tramo comprometido y ponerse en riesgo de caída o trotar cuesta arriba hasta alcanzar el tope de pulsaciones y reventarse no sirve de nada. Cuántas veces nos ha pasado un compañero caminando eficientemente, con las manos en los cuádriceps o tirando de bastones, mientras nosotros nos retorcemos intentando completar una zancada...

De la misma forma, volverse comodón y caminar ante la más mínima inclinación, hacia arriba o hacia abajo, tampoco es plan. A parte de la lentitud, cambiaremos de deporte. Ya no será trail running. Será trekking. Muy respetable, pero no es lo mismo.

Sobre lo anterior, tengo un ejemplo real. En una Ultrapirineu, la organización invitó a un grupo de periodistas a correr un tramo, desde el Niu de L'Aliga hasta el refugio del Serrat de L'Esposes. Salimos antes que el grueso de la carrera, de tal manera que teníamos la certeza absoluta de que la cabeza nos iba a pillar. En el fondo, se trataba de eso. La organización quería que "viviéramos" la carrera desde dentro. Y vaya si lo hicimos. En una cuesta arriba, un colega y yo íbamos caminando. Cuando intuimos, por el ruido del helicóptero, que los primeros nos iban a dar alcance, nos pusimos a correr. Había que mantener intacta la dignidad del periodista y que los primeros vieran que allí se predicaba con el ejemplo y que les íbamos a aguantar un tramo. Con un par. Para nuestra sorpresa, por detrás, en medio de la vegetación, surgieron las figuras de Roberto Heras y Kilian Jornet. Iban caminando, cuerpos inclinados, manos en los cuádriceps, ritmo y compás. Perfectos. Dieron los buenos días y nos pegaron una pasada memorable. Tiraron para arriba como diablos. Con Roberto lo estuvimos comentando en la cena. Se acordaba de nosotros y del adelantamiento. Kilian y él, caminando, eran eficaces. Los chicos de la Prensa, trotando, no éramos más que dos percherones.

Como todo en este mundo, caminar deprisa o correr despacio también es entrenable. Para eso están los famosos "cacos". Desde que vi a aquellos dos monstruos alejarse ladera arriba a paso ligero, me convencí de que es una suerte que hay que dominar en una carrera de trail. Y, sobre todo, que es muy importante saber cuándo hay que cambiar, cuándo hay que ir de "co" a "ca" y de "ca" a "co". Aunque parezca un contrasentido, una buena caminata nos puede salvar una mala carrera, algo que no sucede en las pruebas de asfalto. El secreto está en la mezcla: cuánto de una cosa y cuánto de otra. Plato pequeño o plato grande. Corro o camino. Camino o reviento.

 

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