OCC: La historia interminable, por Nano López

Crónica 'insider' de la hermana pequeña del UTMB
Nano López. Foto portada: José Miguel Muñoz Egea. -
OCC: La historia interminable, por Nano López
OCC: La historia interminable, por Nano López

TransGrancanaria, Febrero de 2017. Conversaciones entre bambalinas de un hotel.

Nano: “Oye Depa, tengo que correr OCC este año sí o sí. ¿Cómo lo ves?”

Depa: “Lo veo bien. ¿Ya tienes puntos ITRA?”

Nano: “¿Puntos qué? ¿Eso lo dan con la tarjeta Eroski o cómo va?”

Depa: “Vale, muy bien, ¡contratado!”

 

La OCC  es una de esas pruebas en el calendario que muchísimos corredores querrían hacer y, obviamente, yo era uno de ellos. Es la hermana pequeña de la UTMB, es ese primo lejano con el que disfrutas cada verano de forma intensa y divertida, es la carrera ideal para engancharte aún más a este fantástico deporte.

57 km y 3.500 metros de desnivel positivo con salida en Suiza, con llegada en Chamonix, con pasos de carrera espectaculares, pistas de esquí, cumbres preciosas, ascensos largos y tendidos, senderos divertidísimos y una bajada final de 8km que bien puedes sufrirla (véase razón en Nuria Picas, con la hermana mayor UTMB) o bien puedes disfrutarla si has sabido guardar ese último cartucho para zigzaguear por su descenso entre bosques desde la Flégère.

El UltraTrail du Mont-Blanc es uno de los acontecimientos del año en el mundo del Trail Running.  Los corredores que quieren participar en él deben sumar una serie de puntos en los dos años previos al evento, los cuales se obtienen si finalizas diferentes pruebas validables para esta carrera.  ¡Todo y con esto, no es suficiente! Los que pasen el corte de reunir estos puntos deben participar en un sorteo que dictará finalmente quienes optan a un dorsal para participar de la fiesta.

Por suerte, en esta XV edición este proceso lo sustituimos por una “kalañosa crónica” para la Revista Trail Run… ¡Esto es la OCC inside!

Llegamos a Chamonix el sábado 26 por la tarde. Tiempo suficiente para aparcar en el centro del pueblo y deshacer la maleta. Fuera del armario, la mochila, camiseta, pantalón y zapatillas. El domingo por la mañana teníamos previsto hacer los últimos 20 km de la prueba. Con un par de pestañeos el calendario marcaba Lunes 28 y el ambiente en la calle ya era casi pleno de carrera: stands, tiendas, corredores y “finishers”, sobre todo mucho finisher… Los hay de muchos tipos. De larga distancia, de corta distancia, de pruebas únicas y preciosas, de populares y muy conocidas, y los hay que hasta incluso quieren que el mundo conozca el tiempo que tardaron en acabar su reto. Es fantástico, no sé ni necesario.

Pero esta carrera tiene esas cosas. Hay tiempo para todo. El día se acercaba y la mejor manera de mitigar los nervios era visitar a amigos, stands, participar en divertidas entrevistas… Quedaban 24 horas para participar de la ‘Fiesta del Trail’, tocaba irse a casa, cenar y descansar. La carrera empezaba el jueves 31 a las 8:15 de la mañana.

Con puntualidad suiza (nunca mejor dicho) arrancábamos en Orsieres, y la salida como se anunció durante la semana se daba bajo una fina lluvia que ya no nos abandonó hasta la meta.

Como era de prever la cabeza de carrera salió como un tiro, y sin darnos cuenta, alcanzábamos el primer punto en alto (Champex Lac, km10). Desde allí una prolongada bajada pistera nos llevaba al km14, donde se rompía definitivamente la prueba con el primer gran ascenso (La Giete) a casi 2.000 metros. Era una subida sostenida entre zonas de barro, senderos e intensa niebla. La llegada en alto suponía un respiro para como habíamos salido. La bajada a Trient (casi el ecuador de la prueba, y sumando casi tres horas en el crono) era una bajada en la que podías pagar caro tu entusiasmo. La entrada al pueblo ya recogía algún que otro abandono por la lluvia, el frío y alguna caída. Cargar baterías, llenar combustible y gasssss a la burraaaaa

Llegaba la prueba de fuego: el ascenso a “La Catonge”, el punto más alto de la prueba, situado a 2.065 metros de altitud. Fue divertido, apasionante y entretenido. Durante toda la subida, acompañado por la mismísima Rory Bosio, mostramos la mejor de nuestras versiones (la más guapa, quiero decir). No obstante, todo se fue al traste cuando en la despoblada cumbre, con un fuerte viento, con una lluvia vertical, horizontal, transversal (¿?) tuvimos que parar a ponernos el chubasquero. Rory, que iba en tirantes, siguió sin detenerse y lanzó nuestra hombría e ímpetu, colina abajo.

En la bajada a Vallorcine decidí darle cera a las zapatillas. Llegamos abajo en algo más de 4 horas y diluviaba como si no lo hubiera hecho ya durante toda la mañana. Entramos en la carpa, no éramos muchos, tampoco tardamos mucho en reponer fuerzas comiendo algo, y aún tardamos menos en salir de allí para afrontar los últimos 800 metros de desnivel hasta la Flégère.

Este año el circuito había sido modificado, ya que habían alargado la distancia (casi 2 km) para hacer un ascenso “menos agresivo” y de esta forma llevarnos a Argentiere y subir los primeros 300 metros desde allí. Las fuerzas empezaban a flaquear, pero a golpe de bastón pudimos llegar al primer replano y afrontar los últimos 500 metros hasta la Flégère con cierta alegría. Desde allí, ¡enjoy!

Quedaban 8 km hasta meta y cargando el cartucho que había guardado hábilmente tras conocer el final del circuito una semana antes (un miembro de BajaKalaña que se precie siempre debe guardar un azote final en carrera), dimos lo que nos quedaba hasta abajo. Pista inicial y vertical, para en poco menos de un km adentrarte en un frondoso bosque que zigzagueaba espectacularmente por senderos y piedras hasta prácticamente la entrada a Chamonix. En poco más de 30 minutos entrábamos en la línea de meta más a gusto que en brazos, cerrando una jornada de trail más que divertida y entretenida. 

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