Entre rayos, truenos y miedos, por Yeray Durán

Intracrónica de una Buff Epic Trail ‘apocalíptica’
Yeray Durán. Foto portada: Ángel Enguita. Fotos interiores: Oriol Batista. -
Entre rayos, truenos y miedos, por Yeray Durán
Entre rayos, truenos y miedos, por Yeray Durán

La Buff Epic Trail es sin duda una carrera realizada con mucho cariño en un lugar mágico del Pirineo como es La Vall de Boí. Este año, al mismo tiempo que la carrera se celebraba el Buff Mountain Festival, así que... ¡Barruera era toda una fiesta del trail!

Sábado 6:00 A.M. Todos bajo el arco de salida. Por delante 105 km y +7950 m. ¡Preparados para darnos un paseíto por la montaña! Jejeje.

Nada más salir y para calentar motores tocan 1.200 m de desnivel positivo... ¡En 10 km! Arrancamos juntos Pau Bartoló, Ernest Ausiró, Blacky y yo, pero tras el primer avituallamiento y al empezar la bajada me despego del resto del grupo, teniendo sólo a Bartoló por delante.

Pasado el segundo avituallamiento, Conangles, subimos al Port de Rius, donde me coloco en cabeza. Antes de bajar al parking del refugio de Colomers, donde se encuentra la siguiente asistencia externa, existe un tramo donde hay que “tirarse ladera abajo”, así que me lo tomo con muuuuucho cuidado, que no quiero darme un buen golpe. ¡Mi culo toca varias veces el suelo pero sigue íntegro! Jejeje. Al llegar al avituallamiento recibo referencias del resto. Les llevo unos 5 minutos.

Continúo la marcha entrando en la zona del Parque Nacional de Aigüestortes. El mal tiempo que habían anunciado parecía asomarse a lo lejos... ¡Y al rato apareció de verdad! Llegando al refugio de Saboredo comenzó una tormenta eléctrica. El pensamiento que me viene es: Yera, en estas condiciones la carrera se puede volver muy peligrosa. Éste es mi parecer como trailrunner y no como experto montañero (que le tienen mucho respeto a la montaña). Lo que quiero decir es que hay que ser consciente de nuestras limitaciones en la montaña y, por tanto, consecuentes con ellas.  A pesar de no ser un experto montañero he pasado muchas horas en la montaña y ésta me ha dado buenas lecciones, sobre todo cuando empecé a subir a los Alpes y a vivir en el Pirineo.

Pues bien, con más miedo que otra cosa llegué al refugio de Saboredo. Veía los relámpagos y oía los truenos. Saqué el impermeable (ese que todo el mundo se pregunta siempre para qué llevarlo como material obligatorio) y mientras una chica de la asistencia me ayudaba a llenar mi soft-flask pregunté si la carrera seguía abierta. Un Mosso de Escuadra de Montaña que se encontraba allí me dijo que no sabía nada, que en la zona en la que nos encontrábamos la comunicación no era muy buena. Intentaron llamar, pero sin éxito, hasta que les pasé el número de emergencia en carrera que se encuentra en el dorsal. Consiguieron hablar con el director de carrera. La respuesta a mi pregunta fue: la carrera continúa abierta. Ellos le comentan que la cosa está muy fea y que han hablado con los chicos del siguiente punto, y que allí también hay muy mal tiempo, que el tema no está para seguir corriendo en pantalón corto. Decido entonces esperar a mis compañeros de equipo, Pau Bartoló, Blacky y Ernest Ausiró, para decidir qué hacemos. Valoramos dos opciones. La primera, salir de allí  los 4 juntos y volver hacia atrás en dirección al parking de Colomers, y la segunda, intentar llegar al siguiente collado situado a unos 3km, donde estaba el siguiente punto de control. Desde allí podríamos ver si al otro lado de la montaña  mejoraba el tiempo y decidir entonces si seguíamos o volvíamos al refugio. 

Tomamos la segunda opción, y bajo el granizo, el viento y el frío, llegamos al siguiente punto de control donde encontramos a unos chicos y un perro protegiéndose del mal tiempo bajo una lona atada a un poste. Nos dijeron que avisarían para que, por el momento y dadas las condiciones, no subieran más corredores. Ernest planteó ponernos los pantalones impermeables y esperar, pero yo le dije que prefería moverme, bien de vuelta al refugio o bien dirección Espot, para no quedarme pajarito. Finalmente decidimos continuar porque nos dijeron que a 3km se encontraba el refugio de Amitges.  Sinceramente, lo pasamos mal, pero llegamos al refugio y el tiempo parecía estar mejorando.

Una vez allí volvimos a dudar sobre qué hacer. ¿Y si paramos y bajamos en un taxi todoterreno? No, continuamos corriendo pero a ritmo muy lento, y casi llegando a Espot nos cogieron otros 2 corredores.

En el camino hacia Espot hablamos de parar allí porque por la tarde entraba otra vez el mal tiempo y no queríamos volver a pasar otro mal trago.

Pues bien, llegamos a Espot y allí... ¡Lucía el sol como si fuese verano! Nuestras caras eran un poema. Hablamos con nuestro team manager. Le contamos lo sucedido y que no queríamos continuar, pero insistieron en que había buen tiempo hasta meta. ¿Seguroooo? Pregunté porque no me fiaba mucho. Había llegado a Espot con la idea de que para mí la carrera se había acabado y mi cuerpo estaba en modo “stop”.

La verdad es que no sé ni cómo continué. Tenía la motivación por los suelos. Todo lo acontecido me había pasado factura emocionalmente. Pasé de ir en cabeza a casi 10 minutos del resto en Saboredo, a llegar a Espot junto a los 6 primeros con la mentalidad de que allí se había acabado la carrera. En ese momento debía mentalizarme de que después de 67 km y a falta de 40 km para meta volvía a empezar de nuevo.

Comenzamos a subir el largo tramo de las pistas de esquí pensando que uno de los chicos que nos había cogido llegando a Espot iba por delante pero luego nos dimos cuenta de que no.

Llegando al Clot de la Bassa, Blacky que estaba ya cerca, me pasa. La verdad, sigo sin motivación por correr. Tras él me pasa Ernest y después Luis Duarte y Miguel Ángel Sánchez Cebrián, los dos corredores que nos habían alcanzado llegando a Espot. ¡La motivación que me faltaba a mí la tenían ellos!

Camino de Estany Gento (Vall Fosca) me puse el cortaviento y ya iba casi caminando. Había tirado la toalla. A mi encuentro viene “Chenchito”, un amigo de Gran Canaria que vino a hacerme la asistencia y a disfrutar del ambiente de la montaña y de la carrera. Me dijo que habían cortado la carrera tras pasar los cuatro primeros por Estany Gento, ya que la previsión era que... ¡Entraba una nueva tormenta!

Y fue en ese momento cuando me di por vencido y me convencí de que se escapaba una de mis ilusiones de la temporada. ¡Era la carrera de mi equipo y la de casa!

Yo sé lo que he vivido y es lo que os he contado y, si puedo, vuelvo en 2018.

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