¿Cómo afrontamos una lesión?

Nerea Martínez nos da las pautas para afrontar una lesión.
Nerea Martínez -
¿Cómo afrontamos una lesión?
¿Cómo afrontamos una lesión?

Dos semanas, dos carreras, dos retiradas nada más empezar... Parece que últimamente me ha dado por ir en contra de la evidencia, que no es otra que mi imposibilidad de correr. Aquejada de molestias en un gemelo desde hace ya un tiempo y desoyendo las señales que mi cuerpo andaba enviando, me he visto finalmente en esta situación, no puedo correr. Fui consciente de ello unos días antes de la Picón Castro, cuando me vi obligada a parar durante un entrenamiento y regresar a casa cojeando. Mi determinación era tal que deseaba competir a toda costa, obstinándome en tomar la salida aún a sabiendas de que no estaba para correr. Y así  fue, dos kilómetros, hachazo en el gemelo y abandono con las orejas gachas. Dos semanas más tarde se repite la misma historia en Tolosa Hiru Tontorrak; aquí para más INRI no llego a correr ni un kilómetro. ¿Acaso he perdido el sentido común? Seguramente, pero eran tantas las ganas de correr que si me planté en ambas salidas es porque en mi fuero interno confiaba en doblegar al dolor. La cruda realidad me puso en mi sitio. Lo peor de todo que en este tiempo he retrocedido dos veces en la recuperación de la lesión. ¿He aprendido la lección? No diré que sí; cuando las ganas por hacer algo son tan grandes podemos llegar a perder la cordura y me da que eso mismo voy a hacer próximamente 

Los deportistas somos especialmente sensibles a cualquier oscilación o síntoma que perturbe el equilibrio de nuestro buen estado físico. Estamos tan pendientes de nuestras sensaciones corporales que el mas mínimo desajuste salta la alarma. Tratamos de buscar una explicación inmediata para corregir el problema cuanto antes. Pero no siempre es fácil encontrar una respuesta congruente ante un dolor ocasional que acaba siendo lo suficientemente crónico como para impedir, hasta al más entusiasta, continuar con el entrenamiento.

Generalmente, el deportista, obsesionado con una meta, busca una rápida recuperación, cuando no milagrosa. Prescripciones generales como “descansar unas semanas” caen en saco roto ante corredores que no conciben estar parados ni siquiera un día.

Muchas son las premisas que se barajan a la hora de evitar en la medida de lo posible la lesión en el deportista: entrenamiento progresivo y adecuado a las circunstancias personales, descanso, alimentación, hidratación, estiramientos, fortalecimiento, masaje... pero a veces, ni aún cuidando todos estos detalles nos libramos de las temidas lesiones. Por supuesto la genética, biomecánica e incluso “mala suerte” pueden dar al traste con nuestras ilusiones. Muchas veces tratamos de hallar una respuesta a toda costa, barajando mil hipótesis y tal vez en ocasiones, sea más sencillo que todo eso, ocurrió porque sí.

Las lesiones deportivas pueden ser clasificadas en dos categorías básicas: las traumáticas de aparición súbita o las producidas por sobreutilización. En el primer caso puede haber una causa intrínseca (repentina rotura muscular o tendinosa, problemas biomecánicos...) o extrínseca (caída, golpe, torcedura...) Las lesiones por sobreutilización son más sutiles; se manifiestan con un aumento gradual del dolor, directamente asociado con la actividad. Pero estas últimas precisan de una valoración mucho más cuidadosa ya que diversas enfermedades o procesos inflamatorios pueden presentar un mismo cuadro doloroso.

La manera de evitar lesiones por sobreutilización consiste en dar tiempo a que el cuerpo se acostumbre al esfuerzo repetido. Entrenar intensamente debe ser un proceso gradual, permitiendo días de recuperación tras grandes esfuerzos y días de descanso en caso de dolor o fatiga. La reanudación de los entrenamientos, tras enfermedad o lesión, debería ser gradual y habiéndose asegurado una completa recuperación.

En cualquiera de los casos, el sentido común y paciencia, deberían de primar a la hora de parar y reanudar los entrenamientos. Pero curiosamente, muchos corredores no hacen gala ni de lo uno ni de lo otro, yo incluida. Respetar los plazos de recuperación resulta harto difícil, más aún cuando tienes una carrera a la vista que no quieres perder

¿Cuántas veces no habremos entrenado y competido con molestias que llevamos arrastrando durante meses? ¿Son estas molestias advertencias de que algo va mal? Seguramente. Pero también tengo claro que si hubiera parado cada vez que he sufrido una molestia, hoy no haría el deporte que hago.

Es cierto que en mi larga trayectoria deportiva, apenas he sufrido lesiones. Algunas sí, molestias muchas, pero siempre he tratado de tomar parte activa en la recuperación, buscando alternativas para no quedarme en el dique seco. Afortunadamente he practicado muchos deportes que incluso a día de hoy me salvan de un periodo de inactividad ante una lesión que me impida correr, pudiendo pedalear, nadar, remar, patinar......Tal vez no sea lo más idóneo a la hora de recuperar lo antes posible y fuera más apropiado el cese de toda actividad física. Pero esto conlleva un coste emocional y psicológico. El abatimiento, frustración, tristeza, mal humor que provocan el no poder entrenar es un hecho que veo a diario y que yo misma he sufrido. Con los años he aprendido a tomarme estas cosas como vienen. No me refiero a resignarse; eso significaría quedarme de brazos cruzados y no hacer nada por recuperarme. Creo que es muy importante, si no vital, que el deportista lesionado tome parte activa en su restablecimiento. Muchas de las lesiones tienen su origen en desequilibrios musculares, acortamientos, rigidez, biomecánica... seguramente con un programa de ejercicios bien estructurado para cada caso en particular y realizados periódicamente evitaríamos o recuperaríamos mejor de ciertas lesiones. Lo mismo para lesiones por accidente (caídas, esguinces, luxaciones, roturas óseas...); movilizar, fortalecer, estirar, masajear....son aspectos que no deberíamos descuidar en una buena rehabilitación

Y sobre todo, actitud positiva. Seguramente esto no acelere la cicatrización de un hueso, músculo, tendón o ligamento, pero sí hará que tu recuperación sea menos dolorosa y  te involucres en la cura haciendo todo lo que esté en tus manos. Podemos ver este período de convalecencia como una oportunidad para conocer mejor nuestro cuerpo, nuestra mente, descubrir otras actividades que puedan enriquecernos (leer, escribir, practicar otros deportes, estudiar...), recuperar esas relaciones familiares y sociales que a veces descuidamos con tanto entrenamiento, competiciones... Hemos de aprender a relativizar lo que nos ocurre.

Cuando uno quiere correr y no puede, resulta frustrante, sí, pero hay vida más allá de correr.

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