Memorias de África

Editorial Trail Run 16
José Antonio De Pablo 'Depa'. -
Memorias de África
Memorias de África

Ni he tenido ni creo que tendré nunca una granja en África al pie de las colinas de Ngong, ni de las de Ngong ni de ninguna otra colina, ni tampoco soy Isak Dinesen, ni he vivido nunca en Kenia, ni nunca me llevaron a pasear en una avioneta amarilla por el valle del Rift, aunque si el piloto fuera Robert Redford he de reconocer que me dejaría llevar donde fuera… Pero qué le voy a hacer si me encanta la película de Sydney Pollack, la música de John Barry y sigo llorando en la escena final cuando aquella pareja de leones se tumba en la hierba para ver la puesta del sol.

Ante el empuje inexorable de la edad que me lleva a tener ya que apuntar prácticamente todo lo importante sino quiero que acabe durmiendo en algún rincón perdido de mis entendederas; y a cada vez tener que alejarme más de los ojos el prospecto con la información nutricional de los alimentos en el súper si quiero saber cuánto porcentaje de grasa tienen mis galletas favoritas, por cierto, un 25… y es que “todo lo que me gusta es ilegal, es inmoral o engorda” (letra y música de Veneno). Pues bien ante esa acometida de los años voy a aprovechar para contaros mis particulares memorias de África desde aquí mismo, desde el corazón del continente africano, Etiopía, donde me encuentro en estos instantes, concretamente a 5 horas en coche al sur de la capital Addis, en Langano, en la zona de los grandes lagos hasta donde me he venido con otros colegas y compañeros corredores para participar en la tercera edición de Ethiotrail, una prueba por las montañas del Rift que no se parece en nada a las carreras de montaña a las que estamos acostumbrados, pero no pienso hablaros de competiciones ni de tiempos, ni de marcas… Me gustaría hablaros de aquellas cosas importantes y de aquellas que tienen importancia que estoy viviendo directa o indirectamente desde aquí. Por ejemplo, de cómo un Nerón majadero se va a cagar (con perdón) al monte y no se le ocurre mejor forma de no dejar rastro que prender fuego al papel higiénico usado y lograr así dejar un reguero de dolor, desgracia, tragedia, catástrofe, drama, vergüenza… en uno de los paraísos de nuestra querida España, ¡Todos con La Palma! De cómo, a día de hoy, nuestros próceres patrios siguen de espaldas a la voluntad de un pueblo olvidando el carácter soberano del mismo y pasándose nuestro futuro por su arco del triunfo, ese sí, el suyo sí que es soberano y parece que es el único que importa. Pero por último, dejadme, ay dejadme, que yo prefiera despedirme, desde este pequeño púlpito al que me asomo de número en número, con la mirada de uno de estos niños, de cualquiera de los que se han cruzado con nosotros a lo largo del viaje por África, uno de ellos con una camiseta falsa del Barça hecha girones, con el eco de su risa y de sus pasos corriendo descalzos detrás de nosotros… ¡y para qué más! ¿Qué necesidad hay? ¡A correr y a reír!

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