La cabeza, ese oscuro objeto de deseo

Sobre los ‘jetas descerebrados’ de la montaña
Gobitu. Foto: Wisthaler -
La cabeza, ese oscuro objeto de deseo
La cabeza, ese oscuro objeto de deseo

Hoy os voy a hablar de la cabeza. La cabeza es una cosa que tenemos sobre los hombros. Todos tenemos una aunque ya decía Truman Capote que “antes de negar con la cabeza asegúrate de que la tienes”. Sirve para muchas cosas aparte de que contiene algunos de los sentidos y el cerebro. Esto es una teoría que podría poner en duda.

Aquí ya no puedo decir que todos tengamos uno, casi me atrevería a aventurar que muchos no lo tienen. Pasan los años, cada vez hay más carreras, más eventos, más corredores, más medios y más material pero también hay más gente sin cerebro que no entiende o no quiere entender que los senderos que recorre ya estaban allí hace muchos años. ¡Qué digo muchos años! ¡Muchos siglos antes que ellos! La naturaleza existe y existió sin la presencia del hombre pero ahora tenemos a los cuatro descerebrados que convierten y se aprovechan de las carreras para aportar su granito de mierda a la tierra madre y que a pesar de las advertencias y las recomendaciones de organizadores y administración se creen con la capacidad de que “yo tiro el gel porque yo lo valgo”.

¿Qué le puede pasar por la cabeza a un tipo de estos que no tiene ningún reparo en lanzar al suelo todo tipo de envoltorios de geles, barritas, etc? Si cargas con él lleno, ¿por qué no vacío? He visto en una prueba de gran prestigio como un tipo pasaba corriendo por un avituallamiento y sin pararse, cogía la botella de isotónica, la abría, le pegaba un trago y la tiraba al suelo, con dos cojones, como si con él no fuese la cosa, en plan ciclista o maratoniano olímpicu. ¡Hay que joderse! La pena fue que era más rápido que yo para alcanzarle, realmente más rápido que yo eran todos, pero bueno.

Y yo que soy, o era, astuto y taimado, o eso pensaba al menos, me decía a mí mismo: “A este tío, o se le olvidó la cabeza en casa o se le olvidó pensar con ella”. Hay estudios que certifican que el cerebro que no cabe en la cabeza porque se desarrolla mucho, da problemas. ¡Que me aspen! Estoy viendo un caso de estos delante de mis narices, así que es cierto entonces.

A veces pienso que estos cerdos bípedos lo hacen porque ven la tele en la época estival y está muy de moda ver a los ciclistas (cosa que no entiendo ni entenderé en la puta vida) portándose como cerdos y dejando las cunetas como un vertedero. Está de moda por lo que veo. Recuerdo que cuando yo era más joven y tenía pelo de Luis XIV nos enseñaban a pensar y me hacían leer a Homero y a Platón que ya de entonces no se llevaban, o sea que ya no estaban a la moda vamos. Ya sospechaba de aquella, de las modas intelectuales. Pues lo mismo que con esas modas me pasa con este tipo de personas que campan a sus anchas por las carreras. Los dogmas de fe que aplican para tirar las cosas, me parecen como las instrucciones de la lavadora y la caradura o ignorancia con que lo aplican se me parece al cajoncillo secreto de la abuela que ella pensaba que tenía camuflado y a salvo pero que al final todos acabamos registrando.

Me niego a que dejemos impune estos actos. Deberíamos tomar conciencia todos y ponerle la cara colorada a todos estos jetas, porque al final son eso, jetas a los que se la suda lo de alrededor. Y lo peor es que se está poniendo de moda en algunos lugares. Las modas estéticas construyen poderosas mazmorras en las que encerrar a los irreverentes. Alea jacta est. Por parte de los organizadores de eventos debemos ser rigurosos y expulsar para siempre a los corredores que se permiten pasarse por el forro todas las advertencias. No digo yo que de vez en cuando se te pueda caer alguno pero si lo tiras es porque hay una parte de tu cabeza que no está operativa. Acabo pensando que no son personas, que son cosas, más bien. Y ya sabéis que hay cosas que se pierden y cosas que se salvan. Hay cosas que lo acompañan a uno toda la vida y sin querer. Cosas que no te atreves a tirar porque tienes miedo de perder algo de ti, miedo de que algo se desprenda de lo poco que eres. Cosas que, cuando las agarras con la intención de liquidarlas, te miran y te intimidan y te obligan a dejarlas de nuevo en el cajón de los recuerdos inútiles. Tengo una grapadora fea y oxidada que ya no grapa. Pues esto es igual. A todas estas “personas que no utilizan la cabeza” y que nos joden a los demás hay que hacer como las mudanzas ,a veces las mudanzas, que son como los naufragios, sirven para desentenderse de esas cosas molestas cuya destrucción nunca te atreviste a determinar.

Mucho camino nos queda por andar aún pero si queremos aportar nuestro granito a este deporte que nos vuelve locos es canalizar esa locura. Entrena tu condición física pero también la cabeza, prepárala para afrontar todos los retos que quieras pero seamos sensatos, no podemos obviar que para disfrutar no tenemos que ensuciar. Que nos entre en la cabeza ya, salvo a aquellos que como decía Machado “es propio de cabezas medianas embestir contra todo aquello que no les cabe en la cabeza”.
A todos esos solo nos queda cortársela.

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