Trail europeo VS americano: el análisis

Por David Calleja, un español en Ottawa
David Calleja -
Trail europeo VS americano: el análisis
Trail europeo VS americano: el análisis

Está claro que la concepción del trail running es diferente de un lado y otro del charco, tanto por parte de los corredores, como de las marcas, como de los organizadores de carreras. ¿Cuál es mejor y cuál peor? ¿Qué corredores son mejores? ¿Dónde se organizan mejor las carreras? Preguntas que tienen una respuesta gris. Ni blanca, ni negra. Estilos distintos que desembocan en resultados diferentes. Crecí como corredor de montaña en España, competí en la Península, en Canarias, en los Pirineos y en los Alpes, y por motivos laborales mi actual residencia es Ottawa, capital de Canadá, por lo que me voy a atrever a contaros las principales diferencias que me he encontrado entrenando y compitiendo en el otro lado del Atlántico.

LA PREPARACIÓN

Empecemos por la preparación. Aquí aparece una de las mayores diferencias. Una docena de estados entre Canadá y Estados Unidos disponen de montañas serias. En la España peninsular, en un radio de 500km se puede correr en Guadarrama, Béjar, Picos de Europa, Montes Vascos, Pirineos o subir a 3.400m en el Veleta. No hablemos de Canarias, en los que se saca desnivel yendo a comprar el pan. Aquí puede haber radios de 1.000 millas sin una sola colina. Bien es cierto que la mayoría de corredores yanquis conocidos proceden o viven en Colorado, Arizona, Oregón, California, Utah o Montana, pero se puede decir que la llanura abunda bastante. Aparece otra diferencia a la que yo no he encontrado respuesta. Quizá sea el origen del corredor de montaña estadounidense, surgido del atletismo o cross-country (que aquí se práctica desde el colegio a la Universidad como el fútbol en España), quizá porque el concepto de trail running difiere del concepto de montañismo, pero aquí no hay cultura de hacer cima. Son muy pocas las carreras en las que vas a pasar por la cima de una montaña, recorrerás sus laderas, llegarás a un collado a casi 4.000 m. por el sendero que te lleva a él, pero no tocarás la cima (es cierto, Run the Rut hace cima, Hardrock 100 también, pero la lista no es mucho más extensa). Con este cóctel geográfico y cultural tenemos un resultado: el entrenamiento se mide en millas, no en desnivel. Y os aseguro que se corren muchas millas, no solo los profesionales, que difícilmente bajan de las tres cifras semanales. Sí, hablo de tres cifras, y de millas, no me equivoco. Sino también los amateurs. Hace poco mantenía una conversación con un compañero de entrenamiento que tuvo que tomarse unos meses de descanso por sobre-entrenamiento. Me comentaba que no entendía muy bien como esta temporada se había sobre-entrenado si estaba haciendo un volumen similar al de años anteriores habiendo respetado la etapa de descanso previa. Entonces yo le pregunté por tal volumen. Su respuesta me desconcertó al enterarme de que estaba entrenando 15 horas de media semanales. La montaña de más de 1000m de elevación se encuentra a 1.123 km de mi casa, así que podéis hacer números (restadle algunas horas de bici y gimnasio) y veréis que 100 km a la semana no se los quita nadie (¡de media, no de pico!).

LAS CIRCUNSTANCIAS GEOGRÁFICAS

Aquí aparece otro cambio importantísimo. Si un amateur entrena 10 o 15 horas efectivas a la semana, ¿cómo es capaz de compaginarlo con trabajo, familia y otras actividades? Pues interviene de nuevo el factor geográfico, o mejor dicho, demográfico. Difícilmente en la lista de inscritos de una carrera se ven corredores de New York, Los Ángeles, Toronto o Chicago, que los habrá. Pero sí de ciudades o pueblos con naturaleza accesible y sin congestiones. En España no es difícil ver un 15% (o más) de inscritos en una carrera procedentes de Madrid capital, o Barcelona, u otra de las grandes ciudades, en las que el mero hecho de ir a trabajar o a entrenar te va a robar unas horas que salen de la familia o amigos. Es posible que aún no os salgan las cuentas, pero voy a daros la variable que os falta para resolver esta ecuación. En Norteamérica en un trabajo de oficina no se sale de trabajar a las 8pm, tampoco a las 7pm, ni a las 6pm… Bueno, se puede, si quieres ser el que cierre la oficina ese día.

Como conclusión, se mira poco el desnivel, mucho la distancia y se pasan muchas horas en la “montaña”.

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LA COMPETICIÓN

¡Compitamos pues! Creo que no se sorprenderá nadie si os digo que el denominado terreno técnico norteamericano es el terreno corrible europeo. Es cierto que es un tópico, pero bastante cierto. Así como en Europa un buen subidor, un buen bajador o una persona ágil en aristas y terrenos técnicos pueden marcar diferencias en prácticamente todas las carreras de montaña o skyrunning, en Norteamérica resulta muy complicado, dado que no hay prácticamente carreras en las que el perfil o terreno te lo permita. Ahora bien, deberás correr rápido durante mucho tiempo seguido en perfiles “rompepiernas” con muy pocas secciones en las que andar sea una opción, cosa nada fácil. Por poder andar, puedes hacerlo, pero aquí está la clave, como se dice de manera coloquial: ese día te cae la del pulpo.

Y creo que este es el objetivo del corredor de montaña norteamericano: tener la capacidad de correr rápido durante mucho tiempo. Podréis decir que, al fin y al cabo, es también el objetivo del corredor europeo, y el de cualquier corredor en el mundo, cosa con la que estoy totalmente de acuerdo, pero para mí la diferencia se encuentra en la parte de la frase en la que se dice “mucho tiempo”. ¿Os imagináis los tiempos de corte -30 horas- de Leadville o Western States, ambas 100 millas, aplicados en UTMB o en la Ronda del Cims, también de 100 millas? Por supuesto, que no tiene ni sentido pensarlo, porque aunque las 4 son carreras de la misma distancia, dos son para correr durante mucho rato y las otras dos para correr algunos ratos. No quiere decir que unas sean mejores o más difíciles que las otras. Correr Leadville o Western en 24h o incluso en 30h es muy muy difícil. El mero hecho de terminar la ronda es muy muy difícil. Esta filosofía también explica el uso de los famosos “loops” en las carreras (dar varias vueltas a un circuito o hacer “ochos”), en las que hay casos extremos, como Javelina Jundred, en los que hay que hacer 100 millas en 5 loops de 20 millas cada uno.

Claro que entonces uno sale a intentar correr un 50 millas (80km) en ritmos de 5min/km, porque fue eso para lo que ese uno había entrenado, y porque de eso es de lo que se trataba una carrera aquí. ¿No? Te pones el reloj en modo asfalto para ver en todo momento la media por km, te da igual si la segunda cima es a 1.428m o a 1.935m de elevación, sabes que vas a llegar a ella por un camino en el que no te haga falta mirar mucho a lo alto y que la bajada simplemente es seguir corriendo pero en terreno favorable. Coges un par de botellines para llevar en las manos y los geles o comida que calcules que vas a necesitar, nadie va a exigirte algún material específico. Te mentalizas un poco y sales a por ello. Y bueno, el resultado suele ser bastante “magnetotérmico”. Básicamente porque las probabilidades de la petada antológica son bastante elevadas. Mi análisis se basa en resultados empíricos que me ha facilitado un corredor europeo que conozco en periodo de adaptación a las carreras americanas.

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