Pioneros del Trail (III): Pablo Vigil

El americano que conquistó Europa
Pioneros del Trail (III): Pablo Vigil
Pioneros del Trail (III): Pablo Vigil

Conocí a Pablo Vigil durante en junio de 2015, fue en la Cerdanya con motivo de la celebración de la prueba que organiza Eduard Jornet, llevaba un tiempo conociendo nuestros Pirineos y además aprovechando para ayudar y colaborar en la organización de la Volta a la Cerdanya. Unas semanas más tarde volvimos a encontrarnos, esta vez fue en la sierra madrileña, en Navacerrada, hasta donde se acercó también para participar de forma anónima en el Cross Nocturno dentro del programa del Gran Trail Peñalara.

Poco había sido el tiempo que habíamos tenido para compartir hasta ese momento y de repente me vi sentado junto a Pablo Vigil, guitarra acústica en mano interpretando en público y de forma improvisada el inconfundible tema de Ritchie Valens “La Bamba”. Hablamos entonces de su gran pasión por la música, de su amor por Chavela Vargas y de la admiración hacia José Alfredo Jiménez o Bebo Valdés; nos decantamos hacia el lado salvaje cuando salieron los nombres de Jimi Hendrix o Keith Richards; y ambos nos pusimos en pie y nos descubrimos al hablar del maestro Paco de Lucía. Eso sí que era forma de dar comienzo a una buena amistad.

Leyenda

La leyenda le irá siempre pisando los talones. Fue él, sin duda, el primer corredor norteamericano en hacerse con un puesto en el olimpo de las carreras de montaña a este lado del Atlántico merced a esos cuatro triunfos consecutivos, entre 1979 y 1982, en una carrera con tanto prestigio como Sierre Zinal, “la carrera de los cinco cuatromiles”.

En los años 70 no existía internet ni la información circulaba por el mundo con la misma velocidad que lo hace en nuestros días (vaya obviedad que me acabo de marcar), no eran los tiempos del Pony Express ni tampoco los de Miguel Strogoff, el correo del Zar. Para que a un pueblo de Colorado, en las montañas rocosas, llegara la noticia de la existencia de una competición de montaña que tenía lugar en un pequeño pueblo de los Alpes suizos, vacas y montañas allá donde quisieras mirar, tuvieron que aliarse varios hados del destino. Uno de ellos tenía nombre y apellidos, Chuck Snead, y nacionalidad, norteamericano, y fue el vencedor en Sierre Zinal en el año 1977 el que hablaría a Pablo Vigil de esa carrera en el paraíso alpino.

Pablo llevaba practicando atletismo en todas sus versiones de pista, campo a través y asfalto desde hacía 12 años, los últimos de ellos, coincidiendo con su residencia en Boulder-Colorado (Krupicka, Jurek, Olson, Canaday, Moelh, De Castella… son otros nombres que llevan sus triunfos unidos a esa ciudad norteamericana) a las órdenes del que fuera campeón olímpico en maratón en Munich 1972 y plata en 1976 en Montreal: Frank Shorter. En el año 1978 Pablo formó parte del equipo nacional de cross que representó a los Estados Unidos en el mundial de Escocia donde consiguieron la segunda plaza en la clasificación por escuadras. En aquel combinado estaba también el gran Bill Rodgers (4 victorias en el maratón de Boston y otras tantas en el de Nueva York). Aquella fue la primera vez que Pablo visitó el viejo continente. Lo que de verdad le motivaba en aquellos tiempos era perderse por sus montañas, entrenar subiendo y bajando colinas emulando a algunos trail runners americanos de los años 60 como Rick Trujillo, uno de sus referentes.

Cuando acudió por primera vez a Sierre Zinal, lo hizo costeándose él todo el viaje y lo hizo sin otro objetivo que vivir esa experiencia junto a su amigo Chuck. Su entrenamiento en aquel año se centraba ya en el maratón de asfalto, no en vano en el año 1980 consiguió su mejor marca en los 42,195 km, 2h15’, esto unido a la altitud a la que vivía y entrenaba le hizo llegar con una buena preparación a la prueba suiza en la que venció rebajando el récord en más de 5 minutos. A esa victoria del 1979 le sucedieron las del 1980, 1981 y 1982, convirtiéndose de esa forma en el primero y único hasta el momento en entrar victorioso en la meta de Zinal durante cuatro ediciones consecutivas.

El héroe norteamericano recibía en las montañas europeas todo tipo de reconocimientos, firmaba autógrafos, le hacían entrevistas, los libros hablaban de él y de su leyenda; pero a su regreso a casa volvía a ser uno de esos tipos excéntricos a los que les gustaba correr por las montañas de forma básica y minimal con unas zapatillas viejas y unos tejanos cortados, en un deporte al que por el momento no se habían acercado más que hombres.

Pasión

Fueron esos años los mejores en la vida de Pablo Vigil en el que su deporte, y su pasión, se convirtieron en su trabajo y en su forma de vida.

A lo largo de todos estos años ha visto crecer y evolucionar el deporte, ha vivido la entrada interesada en el mundillo de las grandes marcas y comenta con cierta preocupación la realidad en el ámbito de la ultradistancia a la que muchos corredores jóvenes llegan sin un recorrido, sin una preparación, atraídos por el efecto Kilian aunque se apresura en señalar que Kilian es sólo uno, es único y nada de lo que al mejor corredor del mundo y de la historia le va bien tiene porqué ser bueno para el resto de corredores. Vivimos en una sociedad en la que la prisa y la urgencia por lograr triunfos y por quemar etapas hacen que ocurran casos como los que hablamos.

A sus 64 años, Pablo Vigil ordena sus aficiones y entre viaje y viaje acompañado siempre por alguna de sus inseparables guitarras, no cesa de correr por las montañas, sigue leyendo todos los días y no pierde ocasión de aprender de cuanto le rodea. Ah, y todo con un denominador común que además se contagia y responde al nombre de pasión.  

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